Un paso más en el tortuoso camino hacia la Ley de Despenalización del Aborto

Manifestantes exigen fin de sanciones penales para el aborto bajo tres causales.
Manifestantes exigen fin de sanciones penales para el aborto bajo tres causales.

La discusión ya entra en tierra derecha y se apresta a ser votada en sala. No se descarta aún que prosperen ciertas indicaciones emanadas del sector más conservador de la DC, que ha asumido, también en este caso, el rol de opositor político, a contrapelo de lo que piden las bases y, muy especialmente, la inmensa mayoría de las mujeres militantes y simpatizantes de la Falange.  

Expectante pero cautelosa se declara la directora ejecutiva de la Asociación Chilena de Protección de la Familia (Aprofa), Débora Solís, en relación al nuevo paso que dio la tramitación de la ley que despenaliza el aborto bajo tres causales específicas (por violación, inviabilidad del feto y riesgo vital para la madre), una ley largamente anhelada aun cuando constituye una conquista bastante modesta considerando el enorme rezago que muestra el país en lo que respecta a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Expectantes porque, pese a todo, la iniciativa avanza pese a los tropezones, pese a las idas y venidas, las amenazas de descuelgue; cautelosa porque, como ya es sabido, nadie puede garantizar que una indicación de último minuto, y cocinada entre cuatro paredes, pueda licuar el espíritu de la misma, máxime cuando hay voces dentro de la misma coalición de gobierno que pugnan por morigerar el alcance de las causales o aumentar las exigencias para acceder a la interrupción de un embarazo. En suma: ha sido un proceso lento, doloroso y fatigoso para las mismas mujeres, como eran los partos en pleno siglo XIX.

“Hay personas, grupos que se declaran ‘pro-vida’, que han insistido en la idea de que aquí se busca dar carta blanca para que las mujeres, incluso, puedan abortar a niños con síndrome de Down. Esa idea se instaló en el debate por un minuto”, sostiene Débora Solís.

La última estrategia es el famoso “acompañamiento”. Nadie ha tenido la claridad para definir en qué consiste tal cosa, situación que podría constituir una verdadera trampa cazabobos: ¿una asesoría? ¿Una asesoría de tipo afectivo? ¿Un apoyo humano? ¿Apoyo psicosocial? ¿Nanai desinteresado? Sectores liderados por Soledad Alvear pretenden que tal “acompañamiento” sustituya el aborto o, en otras palabras, que la mujer que se vea enfrentada a tan complejo escenario pueda, en consecuencia, verse constreñida de abortar.

“El proceso de discusión del proyecto de ley de aborto basado en tres causales nos ha mostrado al Chile real, o al menos a nuestra clase política real: esa clase política llena de contradicciones, de dobles discursos, siempre a medio camino entre legislar escuchando a la ciudadanía y legislar con letra chica producto de cálculos políticos o tratando de imponer convicciones religiosas personales”, sostiene Débora Solís, quien acusa una campaña de desinformación orientada a enredar el debate y minar, de ese modo, el enorme apoyo que recibe esta iniciativa por parte de la misma ciudadanía.

“Y en este proceso hemos visto y escuchado de todo. Hay grupos que han mentido con descaro, se ha interpretado antojadizamente la propuesta y, sin embargo, lo menos que se ha hecho es reconocer que las mujeres chilenas tienen el derecho y la libertad de decidir acerca de su cuerpo, su sexualidad y su reproducción”, declara la directora de Aprofa, quien destaca, a juzgar por las encuestas, el fracaso de la estrategia tendiente a impedir que avance la tramitación, al menos respetando su diseño original.

“Hay personas, grupos que se declaran ‘pro-vida’, que han insistido en la idea de que aquí se busca dar carta blanca para que las mujeres, incluso, puedan abortar a niños con síndrome de Down. Esa idea se instaló en el debate por un minuto, y hubo que hacer un esfuerzo grande por aclararlo. El poder de confundir a la opinión pública demuestra que hay grupos reducidos pero con enorme poder de influencia, ya sea porque son muy activos en las redes sociales y fundamentalmente porque tienen mucha llegada en los medios de comunicación”,  agrega, situación que hace recordar ardorosas jaculatorias de miembros de la Iglesia que creen que esta ley consagra el aborto libre, como fue el caso del arzobispo de Concepción, Fernando Chomalí, quien se entreveró en un duro enfrentamiento epistolar con el rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña.

“A nosotros, como Aprofa, se nos ha acusado de cuestiones espantosas con tal de subestimar nuestra convicción y nuestra lucha. Nosotras esperamos que los y las parlamentarias se hagan cargo de lo que la ciudadanía chilena ya decidió por una amplia mayoría: las mujeres estamos preparadas para tomar decisiones. Así lo hemos venido haciendo y seguiremos en esa vía. En un país como el nuestro, donde las inequidades son tan profundas y dolorosas, se hace urgente democratizar las oportunidades de elegir para todas y cada una de las mujeres en Chile”, añade.

Sin embargo, Débora Solís instó a permanecer atentos al curso de la discusión en esta recta final, en especial respecto a indicaciones como el llamado “acompañamiento” sugerido por algunos parlamentarios de la Democracia Cristiana, un “acompañamiento” que en ningún caso puede adquirir un carácter disuasivo o que conjure la decisión soberana que adopte una mujer que, por ejemplo, ha sido víctima de una violación. “Mientras el proceso de discusión de este proyecto se dilate y atrase, debemos estar conscientes de que en este preciso momento hay mujeres que están poniendo en riesgo su vida por dar una solución individual a un problema que debe ser colectivo.”