La épica de Alberto Chang y el capítulo que le dedicó en su libro el magnate inglés Richard Branson

Portada del libro "El Método Virgin", de Richard Branson.
Portada del libro “El Método Virgin”, de Richard Branson.

Un millonario tiene dos misiones en la vida: una es cuidar y multiplicar su dinero, y la otra es contar una historia más o menos verosímil que explique, siempre en virtud del mérito personal, su repentino enriquecimiento o el incremento de su fortuna. Un gran ejemplo de ello es la desopilante historia de Francisco “Fra-Fra” Errázuriz con sus pollitos. Son historias épicas -y mitológicas- destinadas a enaltecer sus proezas y atributos personales para ocultar la verdad que se esconde tras su fortuna. ¿Qué verdad? Pues que fue producto de una herencia o, como sucede en tantos casos, que pudiera haberse originado en actividades reñidas con la ética y la legalidad. Alberto Chang, cabeza del Grupo Arcano, cuyo caso da cuenta de la epidemia de codicia que padece el país, dijo que gran parte de su fortuna se debe a que fue uno de los primeros inversionistas en un proyecto que, allá por los ’90, anunciaba una revolución en la búsqueda de información en la web: el buscador Google, empresa de la que, según decía, tenía el 1% de la propiedad.

A continuación reproducimos íntegramente la historia de Alberto Chang sobre su participación en Google, de la que finalmente se hizo eco hasta el británico Richard Branson, excéntrico dueño del imperio Virgin, uno de los hombres más ricos de la Tierra, quien la incluyó en su libro “El Método Virgin. Cómo enseñar, aprender, reír y liderar” (The Virgin Way: How to listen, learn, laugh and lead), libro publicado en 2014, hoy disponible en Amazon y en Google Books. La historia, por cierto, ha sido desmentida por Google.

El relato aparece en el Capítulo 7, “¿Qué posibilidades da la suerte?” La fortuna favorece al audaz” (Chapter 7: What chance luck? Fortune favours the bold), específicamente en un apartado titulado “La suerte del chileno” (The luck of the chilean). Branson, quien se reconoce amigo del cuestionado mandamás del grupo Arcano, respeta la voluntad de éste al mantener en secreto su verdadera identidad, al punto que debe llamarlo “Antonio”.

Foto aparecida en la cuenta de Twitter de Richard Branson
Foto aparecida en la cuenta de Twitter de Richard Branson, en la que aparece acompañado del inversionista chileno.

A continuación, la traducción textual al español de las páginas dedicadas por el emprendedor y visionario inglés Richard Branson, al polémico Alberto Chang, ahora refugiado en Malta tras descubrirse la inconsistencia de sus credenciales y de su negocio de inversiones.

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La suerte del Chileno

Y luego están esas otras situaciones fortuitas que aparecen quizás una sola vez en la vida, donde estar en el lugar correcto y en el momento correcto pueden crear una oportunidad imprevista. Cuando eso ocurre recae en la habilidad del individuo reconocer la situación por lo que es y aprovechar el momento. Mi amigo, llamémoslo Antonio, fue criado en Santiago, Chile, y finalmente asistió a la prestigiosa Stanford University, en California, donde  ganaría un postgrado en administración de negocios y ciencias del comportamiento. Un día, mientras estaba estudiando en Standford, Antonio estaba parado al final de una larga fila afuera de un cine, cuando a él y a un extraño al lado de él les dijeron que estaban agotadas las entradas y que debían volver otro día. Ambos, igualmente molestos, trabaron conversación y, con un tiempo libre no previsto entre sus manos, terminaron yendo juntos a tomar una taza de café. Durante el café, Antonio le preguntó al extraño, que también estudiaba en Stanford, en qué estaba y le contó que él y un compañero trabajaban en un proyecto de investigación que tenía algo que ver con motores de búsqueda.

En lo que se convertiría en el punto de inflexión de su vida, Antonio respondió diciendo “bueno, tengo 10 mil dólares que estaban destinados a un auto de segunda mano, pero voy a considerar ponerlos en vuestra compañía en vez del auto.  ¿Qué obtendría?” Le dijo que le daría el 1% de participación en la propiedad y entonces acordaron que tenían un trato.

Cuando se separaron el otro estudiante le entregó una copia de su paper de investigación y le sugirió a su amigo que lo revisara y que podían hablar un poco más al otro día. Antonio dijo que trató de leer el documento altamente técnico esa noche, pero la mayor parte de éste era sobre algoritmos y similares muy por encima de su comprensión. Él estaba, sin embargo, altamente intrigado con el objetivo del ejercicio, que era organizar la vasta cantidad de información de la web según la popularidad de las páginas. En resumen, se le ocurrió que era una idea que tenía mucho potencial en el mercado. Cuando Antonio se encontró con su nuevo amigo al otro día,  por lo tanto le preguntó cómo podía involucrarse. Le dijo que estaban en las primeras etapas de levantar capital para lanzar el negocio, que estaba avaluado en un millón de dólares, y que les encantaría tenerlo como inversor. En lo que se convertiría en el punto de inflexión de su vida, Antonio respondió diciendo “bueno, tengo 10 mil dólares que estaban destinados a un auto de segunda mano, pero voy a considerar ponerlos en vuestra compañía en vez del auto.  ¿Qué obtendría?” Le dijo que le daría el 1% de participación en la propiedad y entonces acordaron que tenían un trato.
Si no lo han adivinado todavía, el estudiante con quien Antonio estaba hablando era Sergey Brin, cuyo socio llevaba el nombre de Larry Page. A pesar de que inicialmente fue bautizado como “Back Rub” (N. de la R: Masaje en la espalda), el plan había sido bautizar la compañía como “Googol” por el término matemático, pero optaron por cambiarlo al más extraño pero cool “Google”. Una palabra chiflada, tal vez, pero una que estaba destinada a convertirse en parte del vocabulario de casi cualquier lenguaje sobre el planeta.

Un contrapunto de la historia de mi amigo Antonio es la de Ronald Wayne. Wayne trabajó junto a Steve Jobs en Atari y se transformó en uno de los co-fundadores de Apple junto a Jobs y Wozniak. A los 40 años de edad, Wayne era casi el doble de viejo que sus jóvenes co-fundadores y, como tal, aceptó actuar como el supervisor adulto del emprendimiento, a cambio de lo cual le dieron el 10% de las acciones de la naciente compañía. Entre otras cosas Wayne elaboró el acuerdo de asociación entre los tres, diseñó el primer logo de la compañía y escribió el manual del Apple 1. Por una serie de razones, sin embargo, Wayne no se sintió cómodo por cómo las cosas estaban saliendo –tampoco disfrutaba particularmente trabajar con Jobs- y por lo tanto sólo un par de meses después dio por terminada su participación y entregó las acciones en la compañía por un pago único de salida de 800 dólares. Si él hubiese sido más duro y hubiese aguantado, esas acciones hoy le habrían valido cerca de ¡cincuenta billones de dólares! ¿Así que fue mala suerte o mal juicio? Tal vez un poco de ambas, pero les dejaré decidirlo a ustedes en este caso.

Mi amigo chileno no era Ronald Wayne y ha sido lo suficientemente astuto para nunca haber vendido una sola acción de Google, y ha reinvertido todos sus dividendos. Nunca obtuvo su auto usado pero sus 10 mil dólares valen billones de dólares.

Mi amigo chileno no era Ronald Wayne y ha sido lo suficientemente astuto para nunca haber vendido una sola acción de Google, y ha reinvertido todos sus dividendos. Nunca obtuvo su auto usado pero sus 10 mil dólares valen billones de dólares. Basta decir que la cosa más afortunada que le pasó alguna vez a Antonio fue ir a ver una película popular en un teatro pequeño. Si hubieran habido dos sillas más disponibles, ¡su vida habría sido muy diferente! Pero en términos de lograr que la suerte trabaje para él tuvo que tener la inteligencia para reconocer una oportunidad cuando apareció y mucho más tener las agallas de arriesgar sus 10 mil dólares –casi todo lo que él tenía en ese momento- en un par de jóvenes compañeros de estudio con un sueño. Esto ciertamente lo califico como una combinación de buena suerte y buen juicio: dos elementos cuyas sumas siempre serán más grandiosas que el total.