Absurdos del modelo chileno: injusticia y saqueo del recurso pesquero

¿Recuerdan el caso del pescador artesanal que fue multado con 19 millones de pesos por extraer ilegalmente cuatro toneladas de reineta? Pues bien: tiempo después se efectuó la incautación más grande de harina de pescado en la historia de Chile, carga que equivalía a la pesca ilegal de 31 mil toneladas por parte de grandes empresas del rubro.

No obstante, la multa aplicada a las empresas fue muy inferior, y lo que es peor: la Justicia acabó perdonando a las empresas y ordenó entregarles lo extraído. Todo lo anterior sirve para reflexionar también acerca de la depredación del recurso y la necesidad de reorientar la producción al consumo humano, siempre más rentable que la producción de harina de pescado.   

*Rolando Castillo

En el mes de febrero del año en curso escribí el artículo “La Caminata de la Justicia“, en la que daba a conocer el esfuerzo desplegado por Gerardo Díaz, un típico trabajador chileno que cubría, a pie, la cantidad de 1.300 kilómetros, que es la distancia desde Chiloé a Santiago, con el propósito de entregar a la señora Presidenta de la República una nota de protesta por la multa impuesta por Sernapesca debido a una supuesta extracción de peces, en una cantidad de 4 toneladas, de la especie reineta desde una zona marítima en la que no tenía autorización, contribuyendo con la sobreexplotación del recurso. Por esta razón Sernapesca le aplicó una multa de $19 millones de pesos, suma que, por supuesto, no estaba en condiciones de cancelar dada su condición de pescador artesanal.

El director regional subrogante de Sernapesca de la Región del Maule declaró: “Que el juez que dictó la sentencia se basó en el artículo 110 de la Ley General de Pesca y Acuicultura, que determina la multa sobre la base del valor sanción de la especie, valor en UTM que se asigna a una tonelada del recurso objeto de la infracción, (reineta, en este caso)”.

Por su parte, el señor Carlos Cerda, Director Regional de Sernapesca en Constitución, manifestó: “Nosotros tenemos la obligación legal de hacerlo, el no hacerlo es una irregularidad nuestra… Nosotros no definimos la multa, lo hace el tribunal y se basa en la normativa pesquera y hace ese cálculo de multas de acuerdo a lo que establece la norma que es como tres o cuatro veces el valor de lo extraído”.

Hasta aquí lo relacionado con la multa de 19 millones impuesta al pescador Gerardo Díaz por la pesca presuntamente ilegal de 4.000 kilos de reineta en el año 2014. Ahora comparemos este hecho con lo informado por El Mercurio el día 26 de septiembre de 2015:

“Este viernes 25 de septiembre, Sernapesca informó que detectó 5.602 toneladas de harina de pescado no declaradas, distribuidas en tres bodegas de Salmones de Chile Alimentos S.A. -no registrada en Sernapesca-, compañía ligada al grupo Errázuriz. La entidad afirmó que se trata del hallazgo más grande en la historia del Servicio. Los primeros análisis evidencian que para producir la harina incautada se usaron unas 31.000 toneladas de sardina común y anchoveta (5,5 kilos pescado para producir 1 kilo de harina)”.

“Estamos hablando de decenas de miles de toneladas de recursos que habrían sido pescadas ilegalmente con el grave impacto que esto produce para la sustentabilidad de estas pesquerías y para la economía de las comunidades pesqueras artesanales”, subrayó el director nacional del Sernapesca, José Miguel Burgos”. ¿A cuánto debería ascender la multa?

Por su parte la publicación de AQUA de fecha 29 de septiembre de 2015 señaló: “Al sumar las 1.986 toneladas incautadas, con las 5.602 del operativo de la semana pasada (avaluadas en US$11 millones), se alcanza un total de 7.588 toneladas, aumentando así a cerca de 40.000 toneladas de pesca de sardina y anchoveta (5,3 kilos de pescado para producir 1 kilos de harina) que se utilizaron para fabricar harina de pescado ilegal”. En este caso, también vale preguntarse ¿A cuánto debería ascender la multa?

Sin embargo, a pesar de la magnitud de la pesca ilegal convertida en harina, las multas alcanzarían como máximo un millón 350 mil pesos en caso de Bahía Coronel, y 13 millones 500 mil pesos en el caso Salmones de Chile. (http://bit.ly/1XXXMRR)

Aquí está el meollo del asunto, a Gerardo Díaz se le aplicó, rápidamente, una multa de $19 millones de pesos por pescar, presuntamente, 4.000 kilos de reineta, mientras que a unas empresas, sorprendidas con cerca de 8 millones de kilos de harina de pescado equivalentes a 40.000.000 de kilos de peces vivos (5 kilos de pescado para producir 1 kilo de harina) se les impondría una  multa de $ 13 millones 500 mil pesos. Esto es verdaderamente es una vergüenza.

El Diario de Concepción, en su apartado Economía y Negocios, informaba: “El Primer Juzgado de Letras de Coronel decidió absolver a la empresa Salmones Chile Alimentos S.A. en el caso de harina de pescado ilegal denunciado por el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura en septiembre de 2015. Cristian Celis -abogado de Salmones Chile, Alimentos- explicó que junto a la absolución total ordenó el Primer Juzgado de Coronel la devolución inmediata de la harina de pescado que fuera incautada en el marco de la fiscalización“.

Hasta aquí hemos hecho referencia a cómo la balanza de la Justicia está cargada a favor de las grandes empresas, que quedan impunes cuando infringen las leyes. Cada cual podrá  interpretar las razones por las que la balanza de la ciega justicia se carga tanto en favor de las empresas.

pesca

Cambiar la harina de pescado por algo más rentable: el consumo humano

Pero esto nos sirve para entrar a otra arista de la explotación del mar y de la harina de pescado en particular.

Como vimos en el caso de Salmones Chile, fue avaluado en US$11 millones el total de 8 millones de kilos de harina de pescado incautados, lo que nos da un valor de US$1.375 por kilo de harina. Si se divide este valor por 5, que es la cantidad de pescado para producir un kilo de harina, el valor del kilo de pescado sería de US$0.275 el kilo de pescado faenado, es decir cerca de $180.

¿Será posible que la harina de pescado tenga ese valor cuando los peces son  industrializados, en circunstancias que el costo se incrementa después de ser descargados en la factoría para llegar a ser un producto destinado a la alimentación animal?

La industria pesquera sólo podrá comercializar un producto como la harina de pescado, cuando su principal y más cara materia prima, el recurso peces, ha sido otorgado graciosamente por el Estado mediante concesiones. Por lo tanto, el costo para producir la harina estaría dado por las labores de pesca y por la fabricación de la harina, a partir del bien fundamental que son los peces, y que no tendría valor alguno.

En vez de permitir que se exporte harina de pescado, sería más conveniente -a juicio de quien escribe estas líneas- industrializar nuestra pesca en alimentación para las personas, lo que además sería una forma de preservar la biomasa marina existente en el océano frente de nuestras costas, considerando que no sería necesario la pesca brutal de millones de toneladas.

Los chilenos ya casi no comemos pescados, porque éstos han desaparecido convertidos en harina que, como lo hemos observado, no tiene valor agregado, sino más bien implica un desvalor, porque se necesitan 5 kilos de pescado para hacer un kilo de harina. ¿Cómo es posible que personas inteligentes del Estado o del Gobierno del país permitan esto?

Además, exportar pescado fresco, en conserva o congelado, así como también expenderlo en las mismas condiciones dentro del país,  aumentaría enormemente el valor por cantidad de pesca extraída del mar, además de aumentar la necesidad de mano de obra debido al valor agregado. Mejor aún: sin generar la depredación indiscriminada y demencial que existe hoy día.

El Estado Chileno permite que siete familias depreden el mar (¿chileno?) -del cual ya muchas especies han desaparecido- capturando millones de toneladas de las diferentes variedades pelágicas, como son el jurel, sardinas, anchoas, anchovetas (aunque con la pesca de arrastre no discriminan), con el objetivo de utilizarlas en la fabricación de harina de pescado y vender al exterior este producto a un precio vil. ¿Tendrá algo que ver esta manga ancha con que algunos “legisladores” han sido verdaderos funcionarios de las empresas pesqueras?

A la población nacional se le niega, a través del precio que debe pagar, el acceso a una gran fuente de proteínas contenidas en los animales marinos, ya que el precio del pescado más barato que es posible encontrar en el mercado supera, fácil, los $3.000 el kilo, mientras que cuando es convertido en harina, sólo vale $180 el kilo. Es absolutamente irracional utilizar 5 kilos de peces silvestres para obtener un kilo de harina, cuyo valor alcanza un monto de apenas un cuarto del valor del pescado que incluye.

Nuestra fauna marina desaparece en provecho económico de las familias Angelini, Lecaros, Yaconi–Santa Cruz , Sarquis, Stengel, Fernández e Izquierdo. Estas siete familias son las dueñas del  mar en 200 millas marinas frente a los 4.000 kilómetros de nuestras costas.

Para muestra, algunos botones:

https://www.youtube.com/watch?v=5LaQsAYkxQ0

https://www.youtube.com/watch?v=cR7EA8hvrGI

https://www.youtube.com/watch?v=dWmxGSSOWjM

Chile exportó, durante el año 2015,  la cantidad de 193.697 toneladas de harina de pescado -de las tres partidas arancelarias-  que significaron la caza de 968.485 toneladas de peces silvestres. El valor de las ventas de la harina exportada alcanzó US$357 millones, que significaron un retorno de divisas por US$205 millones, sumas que mantienen obnubiladas a nuestras autoridades que, seguramente, hacen votos porque las pesqueras consigan capturar aún mayores cantidades de peces y, de esa manera, aumentar las ganancias de estas siete familias. Nuevamente la balanza parece cargada para un solo lado.( http://www.aqua.cl/2016/02/24/en-2015-retornos-por-harina-de-pescado-caen-un-17/)

Sin embargo, la solución a esta depredación y exterminación de nuestra fauna marina es de fácil solución legislativa: prohibir la pesca de arrastre y la elaboración de harina de pescados enteros, pudiéndolo hacer sólo con los deshechos obtenidos en la  fabricación de conservas u otros, aún cuando resulte una harina de menor calidad. Del mismo modo,  las 7 familias se deben dedicar preferentemente, si así lo prefieren,  a la venta y exportación de pescado fresco, congelado o en conserva