Amiguismo y corrupción, razones que niegan el derecho a un aire limpio

Estamos acercándonos a cumplir los 20 años del Plan de Descontaminación de Santiago y los resultados son lamentables. Tanto es así que, sin temor a exagerar, estamos en condiciones de afirmar que la estrategia ha sido un rotundo fracaso. Y la razón es sencilla: descontaminar el aire pasa por afectar los intereses económicos de personas que, en una élite tan endogámica como la nuestra, suelen estar muy bien conectadas con el poder político. Sumemos a lo anterior otro hecho incontrovertible: el Estado contribuye a rentabilizar los emprendimientos privados (más si son de los grandes empresarios), acaso la única política pública que goza de cierta consistencia en el tiempo. ¿Por qué creer que el aire de Santiago y otras ciudades podría mejorar?

La situación ambiental es tan preocupante que lo responsable sería, antes que todo, hacer una recomendación sincera, tan sincera que incluso puede llegar a sonar brutal: si no quiere que sus hijos más pequeños vean agravados sus resfríos en invierno, o teme que un adulto mayor de su familia pase a engrosar la lista de 4 mil muertos anuales atribuidos a los efectos de la contaminación, entonces sería muy conveniente que piense en comprarles un tubo de oxígeno. No hay otra.

Parece una salida extrema, pero es lo que bien se podría deducir de todo lo que afirman dirigentes de organizaciones no gubernamentales que dan la pelea en pos de la sustentabilidad y la racionalidad. Uno de ellos es Lucio Cuenca, del Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA), quien alerta sobre la compleja trama de intereses que se ha tejido en todas estas décadas de connivencia político-empresarial, razón primera del fracaso que experimenta la estrategia de descontaminación ambiental.

“Todo se ha hecho mal, porque todo se ha hecho bajo la lógica del interés privado y el crecimiento. Hay un sector político que se dice de centroizquierda que se apropió de conceptos que no son propios de su sector, y que tienen que ver con esta idea del crecimiento económico como gran sinónimo de progreso. Y crecer económicamente es pasarle el desarrollo de la ciudad a las inmobiliarias para que construyan y vendan más casas en las afueras de Santiago, vender más autos, hacer más autopistas… He ahí la lógica del crecimiento económico. Y por esa razón nunca vamos a los temas de fondo, que es la debida descentralización de Santiago, una ciudad que, por configuración geográfica y disponibilidad de recursos, ya no resiste más gente”, asevera.

“La autoridad está obligada a generar instrumentos para controlar la contaminación ambiental, pero no lo hace a sabiendas del riesgo que esto genera en la salud de las personas”, sostiene Cuenca. “En realidad, la autoridad no cumple con sus compromisos adquiridos en 1997 cuando se diseñaba el Plan de Descontaminación, que se ponía como objetivo acabar en 2011 con las emergencias y premergencias, y nada de eso ha ocurrido.  Repito: la lógica del crecimiento hace que la autoridad no toque a las automotoras, y a los productores o importadores de calefactores a leña, que es el gran problema que tenemos, porque hablamos de una fuente de energía barata pero que es ampliamente utilizada en los sectores más pudientes (N. de la R.: se estima que el 40% de la calefacción utilizada en las comunas más ricas de Santiago proviene de la quema de leña), lo que además genera una situación muy injusta toda vez que la contaminación causada por esos vecinos de Santiago afecta en mayor medida a las comunas del sector poniente, que es donde están las comunas más pobres”, señala. Diversos estudios indican que más del 70% de la contaminación se debe a la combustión de esta biomasa.

Ya en el primer gobierno de Michelle Bachelet había informes que sugerían prohibir definitivamente el uso de la leña en Santiago, pero al final salió una propuesta intermedia que establecía la necesidad de mejorar los calefactores o verificar que la leña no estuviera húmeda, y sin embargo hoy la situación es peor. Eso habla de la enorme irresponsabilidad y falta de compromiso y sensibilidad por la salud de la población, porque es cierto que la leña húmeda genera un impacto gravísimo, pero no por eso la leña seca es inocua o significativamente menos dañina. ¡Sigue siendo muy dañina!”, agrega Cuenca, quien luego sentencia: “Las medidas a adoptar están claras, pero falta la voluntad política: prohibir el uso de la leña, ser más activos en impedir las quemas ilegales, subsidiar fuentes de energía más limpias, detener el crecimiento de Santiago, limitar el parque automotor, mejorar el transporte público, etc. El problema de la contaminación nada tiene que ver con los asados en días que juega la selección chilena. Eso es una ridiculez del ministro de Medioambiente (Pablo Badenier)  y del intendente (Claudio Orrego)”, concluye.

La mancha de aceite

¿Es posible que Santiago deje de expandirse como lo ha hecho hasta ahora? Lo cierto es que el principal conurbano del país está desbocado por la codicia empresarial y el afán de los políticos por concentrar el poder, y en este sentido el macrocefalismo territorial se inscribe en esa lógica. La corrupción (o el “tráfico de influencias”, por llamarlo de un modo más suave) hace otro tanto, ya sea a nivel del aparato central pero fundamentalmente a nivel municipal. Todos estos fenómenos se hacen visibles en todos los países de América Latina, pero en Chile ningún gobernante ha mostrado coraje, arrojo y determinación para deshacer esta profusa maraña de intereses, señala el presidente de Defendamos la Ciudad, Patricio Herman.

“Yo soy de las personas que a veces pierden las esperanzas y se dicen que ya nada tiene solución. Y tengo mis razones. Lo primero que debemos entender y tener siempre presente es que los políticos son, en realidad, los empleados de los empresarios. Son sus títeres, los ‘gomas’. Y como ocurre en los países subdesarrollados, los grupos empresariales que manejan a los gobiernos logran cambiar las iniciativas para que no afecten sus intereses”, agrega.

La contaminación del aire mata a unas 4 mil personas al año en Chile, la mitad de ellas en la capital.
La contaminación del aire mata a unas 4 mil personas al año en Chile, la mitad de ellas en la capital.

“Eso fue lo que pasó con el Plan de Descontaminación de 1997, que entró en vigor en mayo del ’98, y que consideraba unas 140 o 150 medidas muy bien elaboradas, en un proceso democrático de participación ciudadana en el que intervinieron muchos profesionales, académicos, expertos nacionales y extranjeros, en fin; la flor y nata de la comunidad intervino en la elaboración de ese plan que tenía como objetivo tener niveles medianamente aceptables en 2011. Nada de eso ha ocurrido”, señala el presidente de la fundación Defendamos la Ciudad.

El plan mantenía el carácter de áreas verdes los terrenos periféricos de interés agropecuario, pero ellos lograron introducir cambios en esa ley para hacer posible los cambios al uso de suelo. Los parlamentarios, que no saben de las cosas que legislan, aprobaron en 2004 cambios al artículo 59 de la Ley de Urbanismo, que hizo urbanizables esos paños. En el gobierno de Sebastián Piñera se dio otro en la dirección incorrecta al sumar 10 mil hectáreas más, facilitando los negocios inmobiliarios y favoreciendo a mucha gente suertuda que vendió sus terrenos antiguamente agrícolas a un precio mayor”, agrega Herman.

Aquí volvemos a los profundos lazos que unen a quienes integran la élite social de Chile, ese espacio en donde abrevan políticos ambiciosos y necesitados de recursos, empresarios dispuestos a hacer cualquier cosa por obtener más utilidades, funcionarios públicos deseosos de hacer amistades y anotarse un poroto a efectos de ganar una contratación futura en el mundo privado, etc. Un ejemplo conocido de las vinculaciones aquí descritas corresponde al del presidente del directorio de Calefactores Bosca Chile, Roberto Ossandón Irarrázabal, quien, según Poderopedia, es además presidente del directorio del Instituto Libertad, centro de estudios vinculado a Renovación Nacional (RN), y hermano del ex alcalde de Puente Alto y candidato presidencial, Manuel José Ossandón.

“Las medidas están, sólo que ni hay voluntad de nada. Lo primero, ya lo decía: hay que entender que los políticos son empleados de los empresarios, además hay mucha negligencia de nuestras autoridades que han ejercido el poder. Hay otro grupo que cree que este tipo de negocios impulsa el progreso, el empleo, el crecimiento y todo eso, y además consideremos que hay una endogamia potente en este país que hace que las personas que realmente mandan en todo tipo de cosas sean unas… ¿cien? ¿Cien personas? No son más de cincuenta o sesenta familias. Y uno puede ver que al final todos, de derecha e izquierda, terminan haciendo lo que esas familias quieren. Este es un país de amigos, por eso las autoridades jamás van a afectar los negocios de esta gente. ¡Hoy en Chile hasta los comunistas son de derecha!”, concluye.