Chile en la B: cuando teleseries bíblicas, charlatanes y médiums se toman su TV pública

TVN lleva tiempo en una crisis severa a causa de sus bajos ratings y paupérrimos resultados financieros, su estrambótico modelo de gestión (que asume a la estación como de carácter público pero con un financiamiento privado), la lógica binominal que predomina en la elaboración de contenidos informativos y el cuoteo político como criterio esencial en la composición de su directorio. Pero ahora suma críticas lapidarias a sus programas franjeados por el uso de médiums, charlatanes que promueven toda clase supercherías y teleseries extranjeras diseñadas para evangelizar a las audiencias.  

En las primeras horas del día aparece en TVN cierto personaje que habla de espíritus chocarreros, fantasmas, vampiros, hombres-lobo, la Quintrala… lo que sea; cualquier superchería sirve para impactar a los espíritus más impresionables. En horario de vermouth hay otro programa dirigido al público femenino, donde aparecen personas con poderes psíquicos que median con los seres queridos que ya fallecieron. Y ya al final del día aparece una telenovela con temática bíblica (pero del Viejo Testamento), una superproducción brasileña creada precisamente para fidelizar con el creciente ejército de evangélicos que tiene el gigante sudamericano, situación denunciada por el concejal de Providencia Jaime Parada.

Que este tipo de material sea emitido por una estación que se dice pública es algo que nos debería llamar a reflexión, dice el presidente de la Asociación Escéptica de Chile (AECH), Luis Cárdenas Graide, y ya no sólo porque nos refleje el estado de podredumbre de un modelo de gestión así como el fallido rol que hoy juega TVN dentro de la sociedad chilena. “Es más bien la señal de una crisis aún más profunda, y TVN es sólo el efecto final de una crisis que es cultural y educacional. Deberíamos preguntarnos qué está pasando en la sociedad chilena para que este tipo de contenidos satisfagan a las audiencias. ¿Qué explica que el canal que se dice público tenga contenidos que dan por ciertas situaciones mitológicas, sobrenaturales o supersticiosas?”, declara.

Y la crisis es grande; nos involucra y nos interpela respecto a nuestra propia indolencia, a nuestro individualismo extremo, la imperiosa necesidad de evadirse de una realidad hostil para con nuestros proyectos de vida, al severo empobrecimiento de nuestro espíritu (el único verdadero: el espíritu de superación), la pérdida de valor y sentido de lo público, lo que se ha conseguido tras décadas de demolición ideológica de todo aquello que veía a los chilenos como parte de un colectivo.

“Es la privatización de lo público. Aquí el Estado abandona un canal público del mismo modo que abandona sus liceos y universidades para favorecer el desempeño de los privados. En el caso de TVN vemos que el canal va por el rating del mismo modo que una universidad pelea con otras por la matrícula, y en esa necesidad van a lo que más venda. Uno pensaría entonces que lo que más vende es aquello que es valioso por su esfuerzo y por su calidad, pero no; lo que más vende es lo malo, y lo malo cuesta caro”, dice el presidente de la AECH.

Un canal inconsciente del daño que causa

“TVN recibe platas del Estado, pero gran parte de su financiamiento es a través de espacios publicitarios”, recuerda el titular de la AECH. El dato es interesante: si los contenidos culturales no prenden en la audiencia, el canal se ve obligado a transmitir contenidos de un nivel más rasante, de digestión rápida, llenos de morbo y efectismo, por decir algo menos duro que “televisión basura”. Sin embargo, Cárdenas Graide cree que un canal público, por muy presionado que pueda estar por las circunstancias, no puede simplemente rendirse, traicionar su mandato y reforzar el idiotismo nacional (en el sentido griego del término, como aclararía el diputado Hugo Gutiérrez).

“Es bueno que ya empiecen a entender que ellos ocupan, al igual que el resto de los canales de televisión, parte del espectro radioeléctrico que es un bien público. Por ende, quién sabe si efectivamente la difusión de este contenido suponga una ilegalidad”, añade.

“La otra pregunta es qué pasa con la industria. Qué pasa con el compromiso ético de periodistas y comunicadores, y también los directivos del canal, que perfectamente saben que tales contenidos atentan contra el nivel intelectual de las audiencias, lo que se logra fijando ideas falsas, prejuicios, mitos, mentiras, y las mentiras no son inocuas. Es muy delicado que un médium juegue a ayudar a una persona que está emocionalmente vulnerable producto de una pérdida próxima en el tiempo. ¿Serán ellos capaces de responder por los daños morales que pueda sufrir una persona?”, indica.

“La mala televisión de TVN refuerza el círculo de la pobreza y la desigualdad”, sentencia, ya que “el daño no sólo va por el lado de emitir contenidos lesivos para el desarrollo intelectual de las personas, sino también por el lado económico ya que las empresas que avisan ahí traspasan el costo de avisaje a sus productos, y eso los encarece. No significa esto que lo deseable es una televisión como la que debe existir en Corea del Norte, pero pensemos en las televisiones públicas de Holanda, o Francia, o la BBC de Gran Bretaña, que también tiene programas más livianitos y también tiene sus bajones, pero las hondonadas en su parrilla son bastante menos profundas que las hondonadas de TVN”, añade.

El ejército evangélico

Asimismo, el presidente de AECH alertó sobre los peligros que encierra la transmisión de contenido diseñado con fines de proselitismo religioso. “Las series bíblicas que ahora pasa TVN están hechas para evangelizar, cosa que han reconocido sus productores. A nuestro juicio un canal como TVN debe ser laico y neutral en términos religiosos. Quién sabe si este tipo de programación contravenga el rol que TVN por ley debe desarrollar. Este tema es delicado porque se relaciona con el clientelismo religioso, en este caso evangélico, que pugna por instalar una agenda conservadora de la sociedad. Ellos sucumben fácilmente a la tentación teocrática, hacer que la sociedad actúe en base a lo que dice un pastor o los textos sagrados”, sostiene.

En ese sentido, Cárdenas Graide cree altamente inconveniente que un canal como TVN otorgue, sin pensar más allá de los beneficios económicos inmediatos, una plataforma de difusión tan importante para el discurso propio de un segmento religioso. “Hay que tener cuidado con el espacio que se les da a grupos de presión religiosos ultraconservadores. Cada vez que se hace gestos a estos grupos ponemos en riesgo el futuro de una democracia moderna y liberal. Hay que tener cuidado con la demagogia cuando los políticos empiezan a darles cosas a cambio de votos, cosa nada extraña dado el alto grado de disciplinamiento que muestran estos grupos”, señala.

Sería lamentable, señala el titular de la AECH, que el populismo religioso avanzara sobre la base de más gestos y más espacios de difusión para grupos evangélicos. “A poco andar irán ganando espacios y se irán haciendo merecedores de nuevos gestos políticos. En la Presidencial anterior Evelyn Matthei dijo que no haría nada que fuera contra la Biblia, una cosa que suena espantosa. Y así empezamos: primero les pedimos el voto a cambio de prohibir el aborto, luego a cambio de prohibir el adulterio, luego la homosexualidad, más tarde la blasfemia, y después pedimos votos a cambio de incentivar el regreso de las mujeres al hogar, y después vamos a los latigazos y el corte de mano, que es lo que ocurre en teocracias del Medio Oriente”, concluye.