Como el indomable viento patagónico: Antonio Horvath, uno de los supultureros de Hidroaysén

Antonio Horvath, ex senador RN. Antonio Horvath, ex senador RN.

Falleció a los 68 años a causa de un repentino cáncer linfático. Valgan unas sencillas palabras de agradecimiento a quien hizo una enorme contribución en la patriótica lucha por evitar la destrucción del sur austral de Chile en favor de las trasnacionales.

*Roberto Bruna
Periodista.

Cada vez que por cuestiones de trabajo me tocaba conversar con Antonio Horvath, recientemente fallecido a causa de un cáncer, acaba preguntándome yo, desde luego que para mis adentros: “¿Qué hace este caballero en la derecha, en esta derecha chilena tan, pero tan “especial”, por llamar de algún modo a ese colectivo defensor de la renta y la extracción de materias primas?”. Qué hace ahí este hombre que habla de respeto a las comunidades locales y nativas, que habla de “medioambiente” como nunca antes la había pronunciado alguien de su sector, y que a cada tanto señala la urgencia de cambiar la matriz productiva del país… Es verdad: ya en los ’90 el tipo hablaba de descentralizar, mientras todo su sector -y los de enfrente también- sólo hacía cosas en sentido inverso; esto es, propiciar la concentración de la riqueza y del poder en unas pocas manos, en un mismo territorio. ¿Qué hace acá, en esta sede, con esta gente?, me preguntaba yo. Una vez no pude más de curiosidad y se lo pregunté, a sabiendas de que la inspiración de la pregunta era más político-ideológica que personal. Él sonrió antes de responder: “Yo mismo me hago esa pregunta a cada rato y nunca me la puedo responder”.

Cuando hubo que poner en práctica ese discurso no dudó un solo día en oponerse a Hidroaysén, un desastroso proyecto hidroeléctrico (faraónico, inviable, destructivo, riesgoso, necesitado además de millonarios subsidios públicos) que un grupo de trasnacionales pretendía desarrollar en el sur más austral del país, y que fue dado por muerto tras años de movilización ciudadana. Recordarán ustedes: era un proyecto de la familia Matte, la norteamericana AES Gener y de Enel Italia, ex Endesa, patatín-patatán. Considerando que se cumplieron todas las previsiones de los opositores de Hidroaysén (como Horvath y tantos otros, que partían alegando que las energías limpias serían en breve mucho más eficientes y baratas), hoy estaríamos clavados con ese proyecto cuya inauguración se preveía para 2030 (de seguro estaría inconcluso, como Alto Maipo), habríamos destruido en vano uno de los últimos ecosistemas nativos que nos van quedando y, sabiendo cómo es Chile, encima habríamos tenido que pagarle una indemnización a los inversores por haber fracasado en su empeño. Está bien; puede ser una exageración, pero Chile cuenta con un largo registro de exageraciones aberrantes a su haber. Por lo demás no era fácil (ni ahora lo es) desafiar a los Matte, gente poco habituada a recibir negativas en su fundo. Pero Horvath lo hizo. 


A Horvath quisieron matarlo en 2012,  o al menos pretendían amedrentarlo, y esto poco después de declararle la guerra al proyecto. En mitad de la noche incendiaron la casa donde moraban su hijo y la mamá de éste. Al responsable, que inicialmente se identificó como bombero, nunca pudieron hallarlo, pese a que la dueña de casa logró cruzar un par de palabras con él tras sorprenderlo merodeando por su casa. Luego el sujeto corrió hacia un bosque y en pocos segundos la cabaña comenzó a incendiarse. Llevaba un radiotransmisor.

A las personas bien vale juzgarlas por sus acciones y sus definiciones en encrucijadas más que por sus palabras, más cuando provienen de políticos, situación en que las palabras muestran toda volatilidad, vanilocuencia y propensión a ser arrastradas por el viento. Horvath estaba la izquierda de Lagos, de Lagos Weber, de Harboe y de la mayoría de la Concertación-Nueva Mayoría. Cuando leí de la posibilidad de incorporar la inteligencia artificial en la toma de decisiones políticas a efectos de mejorar los niveles de representatividad, créanme que pensé precisamente en esta paradoja encarnada en un derechista progresista  de verdad y en los progresistas de cartón que campean en el otro bando.

Con una derecha así, tiendo a creer que Chile sería un país mucho mejor. Pero mucho mejor. Me apena tanto la partida de Horvath. ¿Sabes por qué? Pues por el dolor que embarga seguramente a su familia y porque, en el fondo, Chile es un país que se empobrece con su adiós. Y es raro que el mundo político ofrezca ejemplos de vida.