El humanismo como antídoto contra la ofensiva global del irracionalismo

Protestas en Londres por visita de Donald Trump

¿Cuándo un discurso transgresor muta en discurso de odio? ¿Debemos censurar aquellos planteamientos que, en un contexto académico, pudieran ofender a ciertas personas? Más importante aún: ¿qué hacer frente a una corriente de pensamiento llamada “irracionalista” que, en base a la religión y el nacionalismo exacerbado, desdeña la verdad fáctica y rechaza el lenguaje científico? ¿Qué hacer frente a aquellos que promueven saberes heterodoxos o “alternativos” como los grupos antivacunas? Estos son algunos de los temas que abordó en su reciente visita a Chile Giovanni Gaetani, encargado de Crecimiento y Desarrollo por la Unión Internacional Ética y Humanista (IHEU), organización que aglutina a 160 organizaciones en 70 países. He aquí algunas de sus impresiones frente a fenómenos que ponen el jaque a las democracias liberales de Occidente.

Avanzan los extremistas pidiendo acciones de fuerza contra las minorías y los migrantes, exigiendo la supresión de sus derechos en base a chapucerías valóricas, religiosas e identitarias, insultando y agrediendo a quienes integran a estos grupos y a quienes los defienden. Avanzan también alternativos que diseminan la charlatanería así como los “censores progresistas” en el mundo académico, que dedican sus esfuerzos a perseguir aquellos discursos impopulares y eventualmente ofensivos según el canon ético y estético del momento. Los tres grupos son peligrosos, pero los dos primeros, conformados por los “irracionalistas”, lo son aún más ya que avanzan a lomos del fenómeno más destructivo para la democracia: la “postverdad”.

El futuro del Occidente liberal está en peligro. Un diagnóstico que comparte también Giovanni Gaetani, responsable de Crecimiento y Desarrollo por la Unión Internacional Ética y Humanista (IHEU, en inglés),una organización que promociona la filosofía humanista alrededor del mundo, quien estuvo recientemente de paso por Chile. ¿Razones para estar preocupado? La creciente desvalorización del debate racional e informado, un componente básico en cualquier orden democrático moderno.

Gaetani sostiene que la postverdad (término que deriva de la conjunción entre “verdad” y “posmodernidad”) es también, y sobre todo, “un fenómeno político, un cortocircuito en el orden democrático. Hoy asistimos a la revancha de los ignorantes dominados por el resentimiento. Estos grupos ‘irracionalistas’ no tienen interés en separar lo que es verdad con lo que es falso, y no están dispuestos a razonar con argumentos y evidencias. O, peor aún, son personas que no están dispuestas a razonar y punto”, dice Gaetani, quien nos recuerda la campaña global de IHEU de captación de fondos denominada “Protege los humanistas en riesgo”, a efectos, precisamente, de generar las condiciones de concientización y defensa de los valores humanistas modernos como libertad individual, razón, método científico, democracia y derechos humanos universales.

“Tengo que confesar que, aunque como humanista creo fuertemente en el poder de la ciencia y de la racionalidad humana, estoy muy escéptico sobre el futuro de la humanidad, hasta tal punto que no llego a imaginar donde estaremos en los próximos cincuenta años”, dice Gaetani, quien participó en el seminario “Secularismo en Chile y el Mundo”, encuentro que contó con el auspicio de la Asociación Escéptica de Chile (AECH).

Una posible explicación para explicarnos este desastre sea esta verdadera sobredosis de posmodernidad que afectó a Occidente en las últimas décadas, un fenómeno que avanzó con fuerza con el desmoronamiento de la utopía socialista y que vino a marcar la renuncia definitiva a los grandes relatos colectivos, así como la fragmentación irreversible de los significados. De ahí en más asistimos al imperio de la subjetividad en un marco de individualismo feroz, como así también a la asunción de un relativismo que nos empuja a creer que todo es una construcción social proclive, en suma, a ser “deconstruida”.

“El pensamiento de la posmodernidad fue en cierto modo una liberación en su inicio, porque tenía como objetivo una crítica de lo que por milenios no se podía criticar: el poder religioso, el privilegio indiscutido del heteropatriarcado, el dominio eurocentrista, etc. Nietzsche, que dio comienzo a esta obra de crítica de los axiomas indiscutibles de la moral, lo dijo claramente: tenemos que ‘filosofar con el martillo’”, agrega.

El panorama global se oscurece aún más con la irrupción de grupos “alternativos” que riñen con la ciencia y con la instalación de una nueva moralidad universitaria que, mimetizada en campañas globales de inclusión y respeto a las minorías, busca impedir que una casa de estudios siga siendo un lugar donde las ideas transiten libremente.

Giovanni Gaetani

“Pero ahora, a fuerza de criticar o de ‘deconstruir’, por utilizar la jerga de (Jacques) Derridá, estamos en una situación paradójica, incluso caricaturesca, porque hemos destruido todo a tal punto que nuestro martillo no sabe dónde más golpear. Ahora sería el momento de construir, de mostrar a todos los escépticos, especialmente a los escépticos irracionalistas, que la ciencia y la razón humana tienen un poder enorme, aunque limitado. Lo mismo se debería aplicar al escepticismo: él también tiene límites, pero ninguno parece darse cuenta, y por esta razón vivimos en la era del escepticismo absoluto e ilimitado, que nada construye y todo derriba”, sostiene Gaetani.

¿Qué pudo haber pasado que una extraordinaria herramienta de la comunicación como es Internet haya propiciado la proliferación de estas “realidades alternativas”? Cada vez son más las personas que creen que la homeopatía es tan válida como la medicina tradicional, mientras vemos a más y más personas creyendo teorías conspirativas contra las vacunas, el cambio climático… ¿Nos faltó educarnos y formar nuestra capacidad crítica para desgranar toda esta “sobreinformación”, separando aquello que es verdad con aquello que es falso?
Hace cinco o diez años nos despertamos de un sueño que se llamaba “democracia de abajo”, y hemos ingresado a una pesadilla que se llama “postverdad”. Internet es por supuesto una de las más grandes invenciones de todos los tiempos, pero a veces he llegado a odiar internet, pese a que sólo es una herramienta que no ha sido correctamente utilizada por personas que ignoran sus potencialidades y peligros. ¡Y eso trae graves consecuencias! Hay un factor generacional también.

¿Cómo es ese factor generacional?
Yo soy un “nativo digital”, y aprendí solo a utilizar internet con un creciente sentido de responsabilidad. Recuerdo todavía la primera vez que compartí una “fake news” y que alguien me hizo notar mi error. ¡Qué vergüenza! Este sentido de incomodidad me sigue todavía, y ahora antes de compartir algo no solamente verifico siempre la fuente, sino imagino las consecuencias políticas y sociales de mi acción. Por otra parte, hay un ejército de “inmigrantes digitales” que compartan cualquier tontería y que difunden muchas falsedades o “realidades alternativas”, que pueden ser más o menos inocentes o peligrosas. Los inmigrantes digitales suelen desconocer las reglas básicas de internet, lo que se llama “netiquette” o “ética digital”. Una manera de contrastar el fenómeno de la postverdad podría ser la institución de una enseñanza de “ética digital” en las escuelas, de modo que las niñas y los niños aprendan a utilizar internet de una manera políticamente responsable y epistemológicamente efectiva. Pero los efectos van a ser visibles solamente en unos 10 o 15 años.

En Chile existen élites que adhieren al liberalismo más minarquista en lo económico pero a un conservadurismo muy marcado en lo moral, situación que no es muy extraña en otras partes del mundo. Lo mismo vemos no sólo en España o el resto de América Latina (Estados Unidos inició ya un proceso de “latinoamericanización”). ¿Ha pensado en esta paradoja que ha surgido en las nuevas élites del mundo? ¿Advierte una regresión filosófica en las derechas del mundo? ¿Es posible que el liberalismo vaya en franca decadencia en estas élites? Sin ir más lejos, hoy Donald Trump ha debido “olvidarse” de que alguna vez apoyó fervientemente el aborto.
La primera cosa tenemos que distinguir el liberalismo económico del liberalismo político, que no son la misma cosa y que, por ejemplo, en el idioma italiano, reciben dos palabras diferentes. Yo mismo soy un convencido liberal a nivel político, aunque a nivel económico reconozco que el sueño de Adam Smith y de su “mano invisible” es justamente solo eso: un sueño, una ilusión. Al mismo tiempo, me siento completamente indefenso frente al capitalismo moderno y a su poder omnipresente que llega a controlar casi totalmente nuestras vidas. Pero, con toda sinceridad, esto me parece un problema demasiado grande y complejo por ser discutido aquí, y admito de no tener una respuesta lista por esta pregunta.

Hay señales preocupantes en el mundo. Polonia y Hungría son países han experimentado una deriva autoritaria y profundamente conservadora. Hay quien dice que las grandes crisis económicas impactan aumentando también los niveles de nacionalismo y religiosidad. ¿Cómo va Estados Unidos? ¿Hay preocupación por el camino que pueda tomar su electorado en los años venideros? Si le digo que el próximo Presidente de Estados Unidos será un telepredicador. ¿Qué me diría?
No me sorprendería. Los nuevos fundamentalistas, sean religiosos o nacionalistas (o los dos al mismo tiempo), son de todos lados. Se trata de un fenómeno mundial y pocas naciones pueden creerse inmunes a este fenómeno. Pero, ahora más que nunca, los humanistas y los racionalistas no tenemos que darnos por vencidos. Por eso estuvimos acá en Londres protestando por la visita de Trump. Porque tenemos que decirlo fuerte y claro: los valores defendidos por Trump (nacionalismo, racismo, homofobia, machismo, etc.) no son los nuestros.

Sin embargo, y también hay que decirlo, muchos pensadores han expresado su preocupación por la censura progresista en materias que han generado un profundo debate no ya sólo jurídico, sino que filosófico. Muchos acusan un “exceso de sensibilidad” en el mundo progresista, una que lo lleva a rehuir el debate de ideas y a escudarse en el derecho a no ser agredido (o sentirse ofendido).
En cuanto liberal, estoy a favor de la libertad de expresión siempre.

¿Cuándo un discurso pasa de ser transgresor a constituir un delito de odio? ¿Cuándo una opinión controversial ha de ser respetada?
Depende del contexto y de la forma en la que la opinión es expresada. Personalmente, cuando estoy indeciso si limitar una opinión controversial, tiendo a no limitarla, aunque se trate de un discurso hecho por un fascista, de una persona antivacunas o de un fundamentalista religioso. A este respecto el maestro del liberalismo, John Stuart Mill, nos ayuda a hacer esta distinción, que todavía queda siendo muy difícil de hacer, y que necesita ser evaluada caso a caso. Según Mill, la libre expresión de una idea puede ser limitada solamente si ella pudiese llegar a hacer un daño físico efectivo a una persona. Una cosa es escribir un panfleto rabioso contra el aborto, y otra cosa es estar en frente de una clínica abortiva con un cartel que dice “Té eres una asesina”, gritando consignas amenazantes contra las mujeres que van a abortar. En el primer caso se trata de una opinión controversial pero expresada en un contexto, por así decirlo, “neutro” y de forma intelectual. En el segundo caso hay en vez una invasión práctica y efectiva del campo de libertad de las mujeres, que están simplemente ejerciendo un derecho reconocido por el Estado y que tienen a ser libre de ejercitarlo sin obstáculos.

¿Deben existir temas u opiniones prohibidos en una universidad?
No, ninguna. También las ideas de los antivacunas, de los racistas o de los negacionistas del Holocausto judío, deben ser discutidas en una universidad. Si una universidad es digna de este nombre, va a destruir fácilmente estas opiniones con la razón, los datos, las evidencias científicas y los documentos históricos. Es solamente discutiendo y refutando una idea que podremos vencerla. Si la prohibimos, la mantenemos a flote, porque todo el mundo podría pensar que la prohibimos por falta de argumentos y miedo de no poderla refutar. La censura obtiene siempre el efecto opuesto a lo que se quería obtener en principio…