Ad portas del proceso constituyente, bien vale recoger ideas que apunten a fortalecer la democracia y a estimular la participación más allá del sufragio para elegir cargos de representación. Una de ellas es la posibilidad de impulsar plebiscitos o consultas populares vinculantes, lo que bien ayudaría a apurar a los políticos o ejercer un mayor control sobre las políticas públicas que impulsan los mismos, las que muchas veces no concuerdan con las necesidades que acusan los ciudadanos. En defensa de esta propuesta tenemos a un grupo transversal de ciudadanos aglutinados en torno a la plataforma vinculante.cl, la que intenta adaptar a nuestro país una herramienta presente en Suiza desde hace un siglo.

¿Por qué los ciudadanos no podrían presentar iniciativas de ley sobre materias y asuntos que les conciernen, como un nuevo sistema de pensiones, y plebiscitarlas abierta y transparentemente? ¿Por qué los ciudadanos no podrían levantar una propuesta para derogar leyes corruptas como, por ejemplo, la Ley de Pesca? ¿Por qué no podrían vetar el presupuesto municipal?

Dicen que la democracia se fortalece y sana con más democracia, creando mecanismos de participación ciudadana que interpelen y apuren a los políticos, cuyas urgencias no siempre empatan ni corren al ritmo de aquellas que angustian a nosotros, los ciudadanos y ciudadanas de Chile. Ahí radica la importancia de esta idea de implementar, previa adaptación, las herramientas contenidas en la democracia suiza desde hace más de cien años, donde el único requisito para convocar a una consulta popular es reunir un determinado número de firmas dentro de un plazo previamente establecido.

“Las ideas de democracia directa son antiguas, pero los mecanismos ‘suizos’ son más bien recientes. Lo importante es que son vinculantes”, señala Norbert Bilbeny, vocero de vinculante.cl, quien agrega que “esta idea surgió de una conversación que hemos tenido ciudadanos de distintas tendencias políticas, desde personas que simpatizan con el Frente Amplio hasta de aquellos que lo hacen con Renovación Nacional. Es algo transversal. El punto es que la idea empieza a prender dependiendo de las sensibilidades de cada cual. Las personas de derecha ven en esto la manera de reformar el Estado, en términos de reducir los espacios que pudieran convertirlo en un botín, y las personas de izquierda que ven en esto la opción de empujar materias como pensiones, salud, listas de espera, impuestos, etc. Cada cual valora esta idea desde su perspectiva ideológica”.

“Los beneficios son muchos; por de pronto, reduce la corrupción ya que ofrece la posibilidad de derogar una ley que se considere corrupta o lesiva a los intereses de las grandes mayorías”, señala Bilbeny, al tiempo que “aumenta la legitimidad del sistema político y ejecuta un control sobre sus autoridades, sobre todo en las decisiones que toman. Creemos que es una forma civilizada como protocolo de resolución de conflictos políticos y sociales por esta vía”.  

El mismo Bilbeny toma como ejemplo una reforma al sistema de pensiones. “Un grupo de ciudadanos podría juntar firmas para proponer una reforma. Luego los representantes políticos, ya sea del poder legislativo y ejecutivo, pueden negociar la propuesta con los ciudadanos que impulsen esta iniciativa o bien hacer una contrapropuesta, y ahí la gente verá si aprueba la propuesta de reforma impulsada por los ciudadanos o se allana a aceptar la segunda opción, es decir, la contrapropuesta; o bien podrá escoger la tercera opción, que es mantener el status quo”, indica el vocero de vinculante.cl.  

¿En qué medida dialoga esta propuesta de democracia directa con ideas que apuntan a establecer el plebiscito revocatorio de cargos de representación, incluyendo el presidencial?
-Es importante aclarar que nuestra propuesta no apunta a reemplazar el sistema de representación, pero sí a enriquecerlo, a hacerlo más robusto. Es una idea en un sentido positivo, una que viene a complementar y no a suplir. Dicho esto, creemos que el plebiscito revocatorio tiende a centrarse en las personas y no en las políticas públicas, y ese énfasis destituyente afecta la estabilidad del sistema, en circunstancias que nosotros buscamos lo contrario: queremos darle estabilidad al sistema político. Sacar a nuestros representantes desvía el foco de lo importante, que son las políticas, las leyes, en fin. Eso debemos cambiar. Ahora, si un político insiste en impulsar una política pública perjudicial o corrupta tendrá bajas posibilidades de ser reelecto. En cierta medida se le revocará su mandato, pero de manera indirecta.

Los críticos creen que este tipo de herramientas abren espacio a la demagogia, al “populismo”, y que horada el carácter republicano de una democracia en tanto tramado de instituciones diseñadas para resolver nuestras diferencias… 
-El populismo, que es una forma de connotar de forma peyorativa las políticas públicas que favorecen a las grandes mayorías y no a las élites, es un problema presente en las democracias directas y las democracias representativas. En nuestro caso nos parece que todo va a depender de cómo están diseñados estos instrumentos. Lo principal es que se establece una ruta de deliberación entre que se reúnen las firmas y se realiza el plebiscito, lo que puede extenderse por cinco años, de tal forma que podamos dar suficiente tiempo para confrontar y discutir la propuesta, para negociar y presentar una contrapropuesta. El diseño puede evitar esos riesgos.

¿Cuáles son esos requisitos que, a nivel de diseño, reducen ese riesgo? ¿Hay plazos y pisos mínimos de firmas? 
-En el caso de veto de ley o veto de decisiones presupuestarias de municipios, Suiza establece un plazo de 100 días y un piso que va del 0,5% hasta el 1% del padrón electoral, mientras que para las propuestas de ley se establecen 18 meses de plazo y el doble de firmas. Es difícil juntar las rimas de tal modo que esto no puede ser un capricho, pero la exigencia mínima tampoco es imposible de cumplir. En el estado de California es tan alto el piso mínimo que al final tienen que “contratar” votos, y eso encarece el proceso, además de que dificulta que personas de menos ingresos puedan impulsar una iniciativa aun cuando tengan el apoyo popular. Hay un equilibrio

Hasta el momento el trabajo de vinculante.cl destaca por su seriedad y constancia. “Nos hemos asesorado con personas que conocen de estas materias, como David Altmann, académico de Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica; y también con Andreas Gross, político suizo experto en materias de democracia directa. Estamos trabajando con mucha regularidad con gente de prensa, con la embajada de Suiza, con alcaldes, con gente del mundo del entretenimiento y la cultura, con gente de todo el espectro político. Invitamos desde ya a todos a participar ingresando a vinculante.cl. Tenemos la posibilidad de tener una herramienta que nos permita ir construyendo y refaccionando la casa que llamamos ‘Chile’ en caso de que la ciudadanía se organice”, concluye su vocero.

El Soberano

La plataforma de los movimientos y organizaciones ciudadanas de Chile.

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