La Moneda insiste en empujar su agenda y en adoptar medidas que limitan libertades pese a que debería enfocarse en controlar una pandemia ya desbocada en lo sanitario. Es obvio, entonces -según el secretario de la Corporación Ciudadanía y Justicia, Mauricio Salinas-, que el gobierno se está preparando para un eventual rebrote de las protestas.

Es increíble que un gobierno que ha perdido todo control sobre la pandemia, que carece de toda credibilidad y que ostenta bajos niveles de popularidad, con un estallido social a cuestas, en medio de un proceso constituyente, con los altos niveles de rechazo que despierta la figura del Presidente Piñera, se empecine en gastar sus exiguas fuerzas impulsando su agenda de seguridad, la que hoy discurre por dos vertientes: nueva ley de inteligencia y nueva ley contra el narco, a la que bien podríamos sumar una tercera: la nueva ley de migraciones. “En realidad, tiene todo el sentido del mundo”, sostiene el penalista y académico Mauricio Salinas, de la Corporación Ciudadanía y Justicia.

Hay elementos preocupantes contenidos en ambas iniciativas, como la implicación de la inteligencia militar con total ausencia de controles con foco en el enemigo interno, en el caso de la primera, lo que sin duda apunta a vigilar y perseguir a las organizaciones sociales; o bien la posibilidad de que Carabineros -que atraviesa por una severa crisis institucional- asuma la tenencia y quema de droga incautada, en el caso de la segunda. 

“No nos sorprendamos. Es una expresión de lo que ellos son. No olvidemos que muchos de los que están en el poder pertenecen a ese mismo sector que apoyó la idea de que el dictador se mantuviera en el poder, ese mismo grupo que en algún minuto justificó la tortura”, sostiene Fuenzalida, quien nos recuerda la incapacidad crónica de las derechas latinoamericanas de lidiar con los problemas sociales fuera del plano policial. 

«Entonces, el interés de empujar estos proyectos de ley revela la preocupación de un gobierno y de una coalición, que intuyen que se repetirán las protestas«

Mauricio Salinas

“En general las derechas no pueden gobernar en países con cierto nivel de desigualdad y desarrollo político. No pueden ser mayoría, por eso caen al poco tiempo. Es imposible impulsar el desarrollo de todos cuando inevitablemente de dedicas a defender los intereses de una minoría”, sostiene el académico, quien nos recuerda el falso predicamento clásico de las oligarquías latinoamericanas en orden a que todo cuanto beneficie a la élite redundará en beneficios para la sociedad en su conjunto.

“Eso genera rechazo. Lo que vino a partir de 18 de octubre es el rechazo al estado de precariedad y descomposición social y política del país, pero para un gobierno como el nuestro la mirada está puesta en cómo reprimir las expresiones de descontento sin detenerse a pensar en las causas sociales profundas que las provocan. Entonces, el interés de empujar estos proyectos de ley revela la preocupación de un gobierno y de una coalición, que intuyen que se repetirán las protestas. Es una forma de armarse. Y es una forma de armarse que corresponde a la única manera que conocen”, agrega.

La misma pandemia, según Salinas, ha sido un recurso de disciplinamiento social para este gobierno. “Pensemos que estas cosas además ponen muy contenta a ese mundo de derecha más confrontacional, que se siente tranquilo y feliz con militares en las calles. Entonces vemos a este gobierno haciendo un uso abusivo de los recursos del Estado para impulsar su agenda. La pandemia ha sido vista por el gobierno como una herramienta para desactivar la rebelión popular, con un conjunto de medidas orientadas a consagrar el orden y la obediencia, y no permitir la crítica es parte de ese concepto”, señala finalmente.    

El Soberano

La plataforma de los movimientos y organizaciones ciudadanas de Chile.

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