Te Deum evangélico: la peligrosa irrupción del fanatismo religioso en la cosa pública

El bochornoso Te Deum evangélico debiera -al menos para la Asociación Escéptica de Chile- hacernos reflexionar profundamente sobre la irresponsabilidad del mundo político, que ha dado alas a grupos minoritarios y radicales que han dejado de ocultar su deseo de impulsar una agenda conservadora, excluyente, irrespetuosa de la diversidad de una sociedad como la nuestra, una que echa raíces en la irracionalidad de la fe y que legitima la violencia y el abuso de quienes no comparten su estrecha visión de mundo.    

En Rusia, los grupos conservadores ortodoxos han logrado criminalizar las expresiones públicas de afecto entre homosexuales. En Uganda los católicos estuvieron a un paso de promulgar una ley que establecía pena de muerte para los homosexuales. En Brasil, la legislación (tanto en el plano federal como estadual) y los actos de gobierno están cada vez más influidos por grupos evangélicos que han logrado, por ejemplo, reemplazar la asignatura de educación sexual por clases obligatorias de religión en las escuelas públicas. En Estados Unidos, ciertos gobernadores republicanos han puesto todo tipo de trabas administrativas para que personas del mismo sexo puedan casarse o adoptar hijos

¿Algo así queremos para Chile? ¿Qué ya no hemos tenido suficiente con los grupos ultraconservadores del mundo católico que, en más de un siglo, han puesto todo tipo de cortapisas a la acción de un estado laico y republicano? Cosas que bien vale reflexionar, dice Luis Cárdenas Graide, presidente de la Asociación escéptica de Chile (AECH), luego del bochornoso Te Deum evangélico, ocasión en que, más allá de agraviar a la Presidenta Michelle Bachelet con insultos y soflamas moralistas, se hizo un reconocimiento público de las reales intenciones de estos grupos: entrar a la arena política para instalar una agenda valórica propia, extrema, excluyente e irrespetuosa del pluralismo que ha de mostrar una sociedad democrática.

En cierta medida, los mismos políticos chilenos, en su afán por captar votos, han sido los principales responsables de legitimar las expresiones más sectarias de este mundo religioso ultraconservador. “Es una forma de clientelismo político-religioso. Y es por esta vía que estos grupos más radicales, pero minoritarios, empiezan a influir y a torcer la legislación en desmedro del resto. Es una estrategia muy antidemocrática”, dice Luis Cárdenas Graide.

“Si seguimos por este camino, como el de Renovación Nacional, que derechamente da cobijo a candidaturas evangélicas, veremos lo que ha sucedido en tantos países del mundo, o acá mismo, en Chile, donde se impulsan agendas discriminatorias que intentan llevarnos al calabozo de la humanidad pues se oponen a políticas tan necesarias como la igualdad de género, avanzar en el respeto a la diversidad sexual, en los derechos de las mujeres, los derechos reproductivos y un largo etcétera. No son grupos que actúan desde la aceptación del otro, sino que lo hacen desde una pretendida superioridad moral”, sostiene.

Según el representante de la Asociación Escéptica de Chile, aquí se ha “transgredido el principio transversal de respeto a todas las sensibilidades, incluso la de aquellos que somos ateos, encima gastando recursos públicos que son de todos. Los funcionarios públicos deben actuar en consecuencia”, agrega.

Asimismo, Cárdenas alerta sobre las terribles consecuencias que entraña ese sentimiento profundamente antidemocrático de estos grupos evangélicos, cuyos principales representantes, o al menos quienes se manifestaron abiertamente contra la agenda valórica del gobierno en el Te Deum, han dicho que están más dispuestos a escuchar la ‘palabra de Dios’ que las leyes de la república. “Eso es gravísimo, porque habla de un desprecio profundo al concepto de república y de una abierta predisposición a la sedición”, señala, llamando así a mantener a distancia con estos grupos o aislarlos a efectos de cautelar la sana convivencia en la sociedad chilena.

“Es irónico que se enojen tanto con un gobierno. Lo curioso es que el enojo no les alcanzó para devolver los cinco mil millones de pesos que el Estado de Chile -cosa que nos parece muy mal- haya entregado a estas iglesias para restaurar su catedral”, añade.

Del mismo modo, y aprovechando esta polémica, el titular de la AECH llama a revisar la legislación que favorece a estos grupos religiosos, en especial aquellas leyes o normas que consagran exenciones tributarias o que destinan recursos fiscales a instituciones de marcado sesgo religioso-ideológico: “Los fondos públicos deben ser utilizados para el bien de todos, por el bien común. Es injusto que asignemos recursos fiscales, que por definición son escasos, a una institución de salud que, por ejemplo, se niega a cumplir con la legislación, como es el aborto bajo tres causales específicas, porque pueda contrariar o violentar sus principios ideológicos. Eso es inaceptable”.

Por eso nos parece más que el gobierno destine también recursos para la próxima visita del Papa Francisco. Se nos dice que es una visita de estado, pero escuchamos a muchas voces del catolicismo local hablando de que el Papa vendría en misión apostólica. Eso es proselitismo, y por tanto todas esas actividades deben ser financiadas por quienes profesan esa fe o participan de esa visión de mundo”, concluye.