Chile se encuentra entre los países más golpeados por los ciberataques en la región, una situación que expone no solo la vulnerabilidad de las empresas, sino también el riesgo al que están sometidos los datos personales de millones de personas.
De acuerdo con el Reporte de Amenazas 2025 de Check Point Software, en los últimos seis meses cada organización chilena ha recibido en promedio 1.995 intentos de ataque por semana, una cifra que supera incluso el promedio mundial de 1.992 ataques. A nivel latinoamericano, el panorama es todavía más complejo: las organizaciones enfrentan un promedio de 2.569 ataques semanales, un 40% por encima de la media global.

Derechos digitales bajo amenaza

El incremento sostenido de los ciberataques plantea un desafío urgente en materia de derechos humanos, particularmente en lo que respecta a la protección de la privacidad y la seguridad digital. El acceso a internet y la protección de datos personales están reconocidos como parte del derecho a la información y a la intimidad, por lo que los Estados tienen la obligación de garantizar que la ciudadanía no quede expuesta frente a la ciberdelincuencia.


“Los ciberataques crecen exponencialmente —más de un 50% año tras año— y se estima que este 2025 tendrán un costo mundial de 10,5 billones de dólares”, advirtió Jonathan Fischbein, CISO Global de Check Point, durante un encuentro realizado en Santiago.

Las principales amenazas en la región


Entre las modalidades más comunes que afectan a Chile y América Latina destacan:
– Ransomware: secuestro de información para exigir pagos por su liberación.
– Infostealers: programas que roban datos, muchas veces infectando equipos domésticos que luego se conectan a redes corporativas.
– Troyanos bancarios: originados principalmente en Brasil, buscan vulnerar cuentas financieras en toda la región.
Estas prácticas no solo afectan a las empresas, sino también a trabajadores, estudiantes y familias que ven comprometida su información más sensible.

El rol de la inteligencia artificial

El avance de la inteligencia artificial (IA) ha transformado tanto la defensa como la ofensiva en materia digital. Mientras permite a las empresas automatizar la seguridad, también está siendo utilizada por grupos delictivos para crear deepfakes, campañas de phishing más convincentes o malware automatizado.


“El uso de la IA en la ciberdelincuencia ya no es teórico. Está avanzando incluso más rápido que los controles de seguridad tradicionales”, advirtió Francisco Robayo, gerente de ingeniería de Check Point para Latinoamérica.

Una tarea pendiente para Chile


La magnitud del problema evidencia que Chile debe avanzar en políticas públicas de ciberseguridad con enfoque de derechos humanos, que aseguren tanto la protección de la infraestructura crítica como la garantía de la privacidad y la seguridad de las personas.
El desafío no es solo tecnológico. Requiere un compromiso político que integre la ciberseguridad en la agenda de derechos digitales, garantizando que la ciudadanía pueda ejercer plenamente sus libertades en un mundo cada vez más interconectado.

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