El rotundo fracaso de Colo Colo es el fracaso de las SAD

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Busto del Cacique Colo Colo en el frontis del Estado Monumental (foto: Creative Commons – Wikipedia)

Estas concesionarias, impuestas por el “socialista” Lagos, han resultado todo un fiasco. El Cacique volvió a quedar fuera de la fase de octavos, como invariablemente han fracasado en esta instancia otros equipos del fútbol nacional. Pero hay más: la amenaza de huelga por no pago de sueldos en Deportes Concepción demuestra que también han sido un fracaso en cuanto a la gestión.
Mientras los regentes de Blanco y Negro creen que van a conformar un cuadro competitivo contratando mayoritariamente mediocridades, el director técnico José Luis Sierra ratifica una vez más que su filosofía de fútbol está más pasada de moda que las polainas.

Por Lautaro Guerrero

 

Enfrentados a un nuevo fracaso en la Copa Libertadores, los hinchas de Colo Colo no sabían contra quien despotricar una vez concretada la paridad sin goles del cuadro popular frente al modesto Independiente del Valle ecuatoriano, que los había dejado nuevamente fuera del torneo y obligándolos a seguir los octavos de final del campeonato de clubes más importante de Sudamérica a través de la TV.

A la salida del Monumental, la noche del jueves, mientras algunos aficionados hacían blanco de sus dardos a los jugadores, “por viejos”, otros apuntaban al director técnico, José Luis Sierra, que claramente no ha dado el ancho como cerebro y estratega de un equipo que se está acostumbrando peligrosamente a la mediocridad. En medio de la desazón generalizada, hubo al menos un alivio y un consuelo: nadie, al menos de los entrevistados elegidos para salir en pantalla, apeló a la supina estupidez de achacar el nuevo fracaso al que los “jugadores no mojan la camiseta”, argumento pueril y habitual, esgrimido hasta el hartazgo por hinchas que claramente saben de fútbol tanto como de astronomía.

Y aunque es verdad que tanto los jugadores como Sierra tienen una importante cuota de responsabilidad en este nueva desilusión de las huestes albas, el origen de esta descarnada mediocridad es más profunda: tiene que ver con las Sociedades Anónimas Deportivas que, a partir de 2005, se apoderaron del fútbol nacional con el generoso auspicio de un Presidente de la República que posaba de “socialista”, pero que durante su período de gobierno se desvivió por hacerles todavía la vida más grata y llevadera a los empresarios y oligarcas de este país: Ricardo Lagos.

Fue, de verdad, una plaga de langostas la que se abatió sobre el popular deporte. Tipos que hasta entonces pensaban que la pelota saltaba sólo porque tenía un conejo adentro, se hicieron de la noche a la mañana hinchas acérrimos del fútbol y, cual Saulo cegado por un rayo divino, vieron por fin la luz. O, mejor dicho, esos billetes que hasta entonces habían estado lejos de su irrefrenable codicia.

Y así es como entonces comenzaron a desfilar por el Estadio Monumental unos personajes de opaca creatividad, escasa capacidad para innovar, una ambición deportiva limitada por la codicia y un excesivo deseo de figuración pública debido al enorme arraigo popular del club, situación que lo ha convertido, desde siempre, en el vitrina soñada para politicastros, demagogos, vendepomadas, mercachifles deseosos de limpiar la imagen y audaces de toda laya. Y este fenómeno, triste por donde se le mire, se replica en otros clubes.

Un claro ejemplo es el señor Gabriel Ruiz-Tagle, el mismo al que durante su paso por Chiledeportes primero, y el Ministerio del Deporte, después, se le extraviaron más de 4 mil millones de pesos de los Juegos Sudamericanos de 2014. El mismo involucrado, junto con los prohombres de la intocable “Papelera”, en la colusión del papel tissue. José Yuraszek, que clavó a medio mundo, entre ellos a miles de pensionados de este país con su escandaloso negociado del “Caso Chispas”, desembarcó con gran fanfarria en la “U”, así como Leonidas Vial, otro pájaro de cuentas de cuello y corbata, cerebro del “Caso Cascadas” junto a Ponce Lerou, descubrió, de pronto, que había vibrado durante toda su vida con el Cacique. El mismo Nicolás Ibáñez, accionista principal de Walmart, que en Chile significa decir Supermercados Líder, se hizo de la noche a la mañana accionista de Wanderers para, al cabo de un tiempo, exigirle al club “caturro” la devolución de los 1.000 millones de pesos que invirtió en la institución tras descubrir, con la misma celeridad, que su hinchismo se había extinguido. Eso sin contar al señor Tomás Serrano Parot, que durante un tiempo fungió como presidente de Unión la Calera y que hoy está purgando 15 años de cárcel por estafa y el reiterado delito de uso indebido de custodia de acciones, ni a Eduardo Segovia, timonel de Unión Española hoy fugado del país, porque si llega a asomarse la PDI debiera de inmediato echarle el guante.

Está claro que los dirigentes del “antiguo sistema” no eran en su gran mayoría ningunos santos. Es bien probable que alguno, o varios, más de una vez hubieran metido las manos además de las patas. Pero ocurre que, a pesar de todas las críticas de que puedan ser objeto, igual se las arreglaron para traer jugadores de nivel para conformar equipos competitivos y, sin recibir ni un peso del Estado ni de un Canal del Fútbol, hasta se dieron el lujo de construir estadios, aparte de mantener series menores de las cuales surgieron jugadores de la talla de los hoy campeones de América.

¿Qué logro pueden exhibir, en cambio, la inmensa mayoría de las Sociedades Anónimas? Porque Universidad de Chile, que construyó su complejo deportivo en La Cisterna, y O´Higgins, que hizo lo propio en las cercanías de Rengo, son las excepciones a la regla. Los demás, aparte de no hacer nada, como no sea abanicarse con los muchos estadios que les ha construido el Estado sin que ellos hayan aportado un peso (se calcula que la suma ronda ya los 200 mil millones de pesos gastados en este ítem por papá Fisco), sólo se han dedicado a embolsicarse los generosos dineros que mes a mes les entrega el Canal del Fútbol y a meterles el dedo en la boca a los gobiernos y a las municipalidades para que les financien sus series inferiores sin que ellos deban hacer ningún sacrificio monetario.

De gestión, poco, muy poco. Al plantel de Deportes Concepción, hoy equipo de la Primera B, le adeudan parte de los sueldos del mes de febrero y todo marzo. A la huelga de los jugadores “lilas” podría sumarse todo el fútbol nacional, luego de lo señalado en ese sentido por Carlos Soto, presidente del Sifup (Sindicato de Futbolistas Profesionales), quien amenazó con el paro total, al parecer un poco harto ya de un sistema que él apoyó con toda su fuerza y todo su entusiasmo.

Soto fue otro de los que, una década atrás, también creyó en el Viejito Pascuero.

Porque no se trata sólo de la institución penquista, curiosamente una de las que más dinero recibió en préstamos de la ANFP (Asociación Nacional de Fútbol Profesional) bajo la presidencia de “Alí Babá” Jadue. Es un secreto a voces que superan la decena los clubes urgidos por pellejerías similares, al punto que hay quienes afirman que varios de ellos, en realidad la gran mayoría, están técnicamente quebrados y con agudos problemas para responder por los emolumentos de sus jugadores. ¿No se afirmó en todos los tonos que esto, con la implantación del sistema de Sociedades Anónimas Deportivas, jamás volvería a pasar?

El enésimo fiasco popular

No es casualidad, pues, que Colo Colo haya vuelto a fracasar en la fase de grupos de la Copa Libertadores, karma que viene soportando desde hace años. Blanco y Negro, la concesionaria que maneja al club desde su expropiación, ha demostrado reiteradamente que no tiene la más mínima intención de invertir, de gastar un poco más aún a sabiendas de que el sólo hecho de participar en el evento la entrega casi 1,5 millón de dólares en la fase de grupos, aparte de lo que entre en sus arcas por concepto de público y recaudación y que, de haber clasificado a la fase de octavos, a su tesorería iban a ingresar otros 750 mil dólares limpios de los dineros que recauda la Conmebol por concepto de la televisación de los partidos a través de la Cadena Fox.

No. Aníbal Mosa y la dirigencia de Blanco y Negro –al igual que otras regencias anteriores- se conforman con comprar jugadores en el persa y así es como les va. Traen casi puros ”muertos” en lugar de verdaderos cracks. El resultado es un equipo que, además de entrado en años y escaso en jugadores de recambio cuando por lesión o suspensiones las pocas figuras quedan fuera, se muestra absolutamente mediocre e incapaz de superar en su cancha y con su público a un cuadro ecuatoriano apenas discreto y que durante todo el partido no pudo ocultar su temor a perder. Porque el modesto Independiente del Valle nunca hizo nada por ganar, aunque paradójicamente, y como suele suceder, fue el equipo que durante los 90 minutos de juego tuvo la única oportunidad clara de gol que se presentó durante todo el partido.

Dirigido técnicamente por José Luis Sierra, un entrenador absolutamente pasado de moda en sus concepciones futbolísticas y carente de la más mínima cuota de autocrítica, Colo Colo es hoy un cuadro apenas discreto incluso para la chatura evidente del medio local y un protagonista desprovisto en absoluto de recursos para el nivel internacional. Sometido a aquella entelequia de la “posesión del balón” como la panacea para superar cualquier obstáculo y ganar, el Cacique es un cuadro que puede tener la pelota durante el mayor tiempo de cada partido, como aconseja la prédica de su director técnico, pero carece de velocidad, claridad, capacidad y talento para vulnerar a cualquier rival que se plante en sus últimas líneas con una mínima cuota de orden y de aplicación.

Para decirlo claro: si Colo Colo es todavía un más que mediocre candidato al título de un torneo mediocre como el casero, mal puede aspirar a transformarse en una versión mejorada en un plano siempre más exigente que el local. En los zapatos de Colo Colo, un equipo argentino o uruguayo, urgido por ganar, habría saltado a la cancha dispuesto a “comerse vivo” desde el minuto uno al rival. A marcarle la salida, a no dejarlo jugar, a quitarle la pelota lo más cerca posible del arco que ocupaba, porque de eso depende, también, tener el balón con más posibilidades de dañar. No ocurrió nada de eso, para desazón de los hinchas, que veían cómo su equipo dejaba pasar todo un tiempo jugando con el mismo ritmo, intensidad y actitud de que si al frente hubieran estado Unión la Calera o Huachipato.

Recién Colo Colo se jugó sus cartas en los minutos finales del partido, cuando el cuadro ecuatoriano, feliz con el empate y la clasificación que estaba obteniendo, le entregó toda la cancha para optar por refugiarse en el área propia. Y frente a ese muro, el Cacique acabó por desnudar todas sus limitaciones, como carencia de delanteros que puedan ganar un cabezazo, un desborde o apelar al expediente de apuntarle al arco mediante disparos de distancia. Para qué hablar de recurrir a la combinación veloz y milimétrica (también denominada “pared”) que supere la aglomeración y el anticipo que propone el rival. La vez que alguno de los mejor dotados técnicamente, que no son muchos, lo intenta, suele recibir de vuelta un ladrillo en vez de un balón bien jugado.

Preocupados sólo de lo que puedan agarrar del Canal del Fútbol, y más sabroso si lo venden, han sido incapaces de conformar un equipo realmente competitivo y de producir siquiera un jugador de esos que antes surgían cuando el fútbol no estaba en manos de estos iluminados.

Sierra, en esto, no es del todo inocente. Los culpables son, en primer término, Blanco y Negro, y en segundo plano los jugadores. Pero mal hace el técnico albo en apelar a esa patriada final y a los tres tiros en los postes como excusas para su mala suerte y la explicación de su fracaso. Lo cierto es que, más allá de que tenga pocos jugadores de mérito, y de que su plantel sea evidentemente escaso, su filosofía de fútbol, que ubica a la posesión del balón por sobre todo, está añeja y más pasada de moda que las polainas.

Tal parece que a este fracaso internacional de Colo Colo le seguirá otro a nivel local. Derrotado por el modesto San Marcos de Arica, el Cacique fue incapaz de superar a la peor “U” de los últimos tiempos, se salvó de una derrota inapelable frente a Huachipato y fue zarandeado obscenamente por O´Higgins en Rancagua. Si aún es candidato sólo es porque, al igual que en el torneo pasado, sacó una respetable cuenta de ahorro cuando le tocó enfrentar a equipos todavía más discretos y con menos figuras aún que las que puede exhibir este Colo Colo absolutamente desjerarquizado.

Puras promesas

¿Qué pensará, a todo esto, la concesionaria Blanco y Negro? Seguramente, que “no nos salieron las cosas”. Que la eliminación en Copa Libertadores fue fruto sólo de la mala suerte. Alguien tiene que decirles que, como todas las Sociedades Anónimas del fútbol, ellos también han resultado todo un fiasco. Preocupados sólo de lo que puedan agarrar del Canal del Fútbol, y más sabroso si lo venden, han sido incapaces de conformar un equipo realmente competitivo y de producir siquiera un jugador de esos que antes surgían cuando el fútbol no estaba en manos de estos iluminados.

La crisis del fútbol chileno
La crisis del fútbol chileno

Lejanas aparecen las promesas de estos aparecidos cuando recién llegaron a hacerse cargo del fútbol nacional, ante el entusiasmo ingenuo de todos aquellos que creyeron que el “estadista” Lagos había descubierto la pólvora propugnando un sistema de Sociedades Anónimas Deportivas que marcaría el despegue institucional y deportivo de los clubes. Ni él se lo creía. Lo hizo sólo para congraciarse todavía más con aquellos empingorotados que, llegado el término de su periodo, lo despidieron entre lágrimas y una congoja generalizada.

¿Cómo olvidar a George Garcelón, el primer gerente que tuvo Blanco y Negro tras expropiarle la institución a sus socios y a sus hinchas? El tipo, con voz engolada y sin que se le moviera un músculo de la cara, señaló en una de sus primeras entrevistas de prensa que “en el lapso de cinco años, haremos de Colo Colo el Manchester United de Sudamérica”.

Viendo el precario presente albo, resulta de lo más adecuada la típica expresión argentina cuando se trata de replicarle a un chanta: “¡Andá…..!”.

Para tenerlo en la memoria

Y este tema hay que tenerlo siempre presente: fue el “marxista” Lagos, como apuntaba con tanta gracia el Chupete Aldunate, columnista ficticio de The Clinic, quien hizo todo lo posible por entregarles a los poderosos del territorio una de las pocas actividades que, generando dinero, no había podido ser deglutida aún por sus voraces e insaciables fauces. Para ello, aparte de utilizar el Poder Judicial para decretarles a Colo Colo y a Universidad de Chile quiebras tan ilegales como fraudulentas, se utilizó al Servicio de Impuestos Internos para inventarles a esas instituciones, y a todas las demás, una gigantesca deuda tributaria que, de acuerdo al DFL N° 1, de 1970, jamás habían adquirido.

Los antecedentes han sido dados a conocer hasta la saciedad, pero vale la pena recordarlos una vez más. Para la mejor información de aquellos pocos que todavía se preocupan de la sociedad en que están viviendo, y se manifiestan hartos de que día a día los frescos nos sigan metiendo impunemente el dedo en la boca, convencidos de que la fortuna, el poder o un simple cargo político les otorga patente de corso para abusar y reírse una y otra vez de los pobres ciudadanos de a pie de este país.

Lejanas aparecen las promesas de estos aparecidos cuando recién llegaron a hacerse cargo del fútbol nacional, ante el entusiasmo ingenuo de todos aquellos que creyeron que el “estadista” Lagos había descubierto la pólvora propugnando un sistema de Sociedades Anónimas Deportivas que marcaría el despegue institucional y deportivo de los clubes.

A Colo Colo lo hicieron quebrar por una deuda insignificante para los incontables avatares económicos que durante 90 años de existencia ha experimentado la institución popular. La jueza Helga Marchant se comprometió a levantar la quiebra si Colo Colo pagaba, pero aunque Peter Dragicevic, presidente de la época, pagó de inmediato, la señora Marchant mantuvo a pie firme la drástica e insólita medida. Con la “U” ocurrió algo parecido, con la única diferencia que se le atribuyó una acreencia impaga mucho mayor. ¿Por qué insólita? Porque al ser ambos clubes Corporaciones de Derecho Privado sin fines de lucro podían desaparecer en caso de ser indubitablemente insolventes, pero de ninguna manera quebrar. En ambos casos, sin embargo, se le torció groseramente la nariz a toda la legalidad vigente.

El mazazo definitivo lo dio el Servicio de Impuestos Internos, el mismo que hoy, dirigido por el señor Fernando Barraza, busca desesperadamente restarse del esfuerzo de los fiscales para llevar a proceso a todos aquellos pillastres que, deseosos de sacrificarse por la ciudadanía y el país, no trepidaron en financiar sus campañas políticas recurriendo a la trampa y a la vulneración de esas leyes que ellos mismos se habían comprometido a acatar. En una medida tan increíble como insólita, el SII les cobró a Colo Colo, la “U” y a todos los demás clubes del fútbol nacional, los tributos no retenidos a sus jugadores que, amparados en el DFL N° 1, de 1970, no tenían que pagar impuestos de aquellos dineros que percibieran como producto de las primas y premios. Sólo debían tributar por sus sueldos, pero en lo que respecta a ese ítem nunca se pudo detectar ninguna irregularidad.

En otras palabras, de la noche a la mañana los clubes se hicieron de una deuda gigantesca, calculada para la época en 10 mil millones de pesos de tributos supuestamente impagos al fisco nacional.

La solución propuesta por el ente fiscalizador no pudo dejar dudas de lo que el gobierno del “socialista” Lagos buscaba hacer con el fútbol: aquellos clubes que se convirtieran en Sociedad Anónima Deportiva iban a poder pagar la gigantesca deuda en cómodas cuotas mensuales. Los que optaran por seguir siendo Corporaciones de Derecho Privado sin fines de lucro, en cambio, debían pagar de inmediato.

Demás está decir que, frente a esa poderosa maquinaria, ni Colo Colo ni la “U” pudieron hacer nada desde el punto de vista legal. Su eventual ida a los tribunales, por lo demás, y visto lo ocurrido, habría sido sin duda un simple saludo a la bandera. Una monumental pérdida de dinero y de tiempo. Los ricachones de este país, con los colmillos afilados, saltaron sobre el fútbol con el mismo entusiasmo que el que antes habían demostrado para hacerse de la educación, de la salud, la previsión, la energía, el agua y un largo etcétera.