Bajó del púlpito que tiene como columnista regalón de El Mercurio para pergeñar una nota en el The Clinic donde arremete contra aquellos que, estando de lo más integrados, ahora critican el maravilloso sistema que él y otros sinvergüenzas ayudaron a crear. No se pierdan el párrafo que les dedica a los encapuchados, porque debe haber causado la envidia de Vargas Llosa y hecho revolcarse en su tumba a “Gabito”.

*Lautaro Guerrero

Cuando se sabe que Jorge Burgos, demócrata cristiano de toda la vida, ex ministro de Interior de Bachelet, va muy campante y feliz a La Moneda para formar parte del equipo de leguleyos que defenderán a Piñera en la Acusación Constitucional; cuando se escucha la sabia y profunda reflexión del ex ministro de Hacienda, Andrés Velasco, que engolando la voz señala que “los profundos problemas de Chile no se solucionan en 24 horas”; cuando el presidente de la DC, Fuad Chahín, aparece en muchas de sus declaraciones bastante más gobiernista que Manuel José Ossandón o Mario Desbordes; cuando el “gurú” de la traidora Concertación, Eugenio Tironi, recurre a todos sus artificios dialécticos y verbales para escribir en el The Clinic una columna para criticar a aquellos que, según él, pasaron del muelle acomodamiento a una inexplicable y censurable rebeldía tras el 18-O, es como para reforzar la sospecha más que justificada del pueblo respecto de si ese Plebiscito que se nos ofrece, y la forma de llevarlo a cabo, no será un acto alevoso más de esta despreciable clase política nuestra, dispuesta, otra vez, a embolinarnos la perdiz, vendernos espejitos de colores y llegar a un tierno “happy end” con los dueños del país.

Con estos bacalaos que acabamos de mencionar al otro lado de la vereda (se supone) de un gobierno inepto y acorralado, ¿puede esperar el pueblo otra cosa que no sea una nueva traición a sus aspiraciones, a su legítimo deseo de aventar de una buena vez la espuria Constitución de Pinochet como el primer paso para cambiar radicalmente un sistema económico, social y político que ya no da para más?

Por supuesto que no. Menos si estos cuatro tipos que acabamos de mencionar forman apenas un número ínfimo de esos concertacionistas que, tras el triunfo del Plebiscito de octubre de 1988, y recuperada esa teta del Estado que habían estado casi por dos décadas sin mamar, con el gobierno ya en sus codiciosas manos le dieron la espalda a ese mismo pueblo que había aportado con los muertos, los torturados y desaparecidos durante esa Dictadura bárbara mientras la mayoría de ellos vivía un exilio dorado en el extranjero, bolseándole sin pudor alguno a gobiernos que simpatizaban con la causa del pueblo y su resistencia.

La lista de potenciales traidores es, ciertamente, mucho más extensa y variada que estos personajillos que acabamos de mencionar. Y no se trata de calumniar gratuitamente. Se trata sólo de ver lo que ha sido su conducta en estos años de apacible y envidiado oasis. Tipejos como Ricardo Lagos, el “Pánzer” Insulza, Genaro Arriagada, Gutemberg Martínez, la Soledad Alvear y la Mariana Aylwin, son únicamente unas pocas muestras de lo que estos concertacionistas, disfrazados luego de “Nueva Mayoría”, han hecho para estar cerca del poder y arreglarse los bigotes tanto en el ámbito público como en el privado, mientras el ciudadano común vive pellejerías que ellos jamás conocieron ni de lejos.

Tironi, el vivaracho incombustible

La calaña de tipos como Burgos y Chahín es bastante conocida. ¿Por qué, muchachos, no se van a militar de una vez por todas a un partido de derecha y dejan de embaucar giles con su supuesto progresismo?

Andrés Velasco, el invitado más caro de Penta a través de toda su historia, tras un almuerzo que les costó al “Choclo” Délano y a Carlos Lavín algo así como 20 millones de pesos para que Andresito pudiera financiar su campañita a la presidencia, descubre la pólvora y la rueda juntitas, declarando muy ceremonioso que “los profundos problemas del país no se solucionan en 24 horas”. ¡Pero qué profundo pensamiento, qué brillante conclusión…! Digno de un tipo con todos los títulos habidos y por haber, más maestrías surtidas en las mejores Universidades de Chile y del mundo. ¿Pero sabís, gil? Es lo mismo que saben y dicen la señora Juanita de La Pintana y la iñora “Meche” de La Victoria.

La pregunta es: ¿cuándo tú y todos los de la ralea de sabios pensaban empezar a solucionar esos problemas? ¿O también voh, gil, tuviste que apreciar primero la zafacoca que quedó en el país después que los cabros empezaron a evadir los torniquetes del Metro para ver por fin la luz, esa misma que ahora parece iluminarlos a todos?

Respecto de este mequetrefe de Tironi, otro que se sigue jurando gurú, cuando no pasa de ser un saltimbanqui de El Mercurio, ¿qué cara tiene de seguir pontificando acerca de lo humano y lo divino cuando fue el que más “carboneó” en el gobierno de Patricio Aylwin para que dejaran morir a todos esos medios que le habían hecho la guerra a la Dictadura, a riesgo de los periodistas de perder la vida e incluso perdiéndola, como fue el caso de José “Pepe” Carrasco?

Junto con el guatón seboso y aprovechado del Enrique Correa, Tironi fue uno de los que más bregaron para que Apsi, Cauce, Análisis, Fortín Mapocho y alguna otra, murieran como de muerte natural tras recuperarse la democracia de juguete que a estos sinvergüenzas tenía y sigue teniendo tan orgullosos.

“La mejor política de medios (para un gobierno) es no tener política de medios”, repetían como loros este par de frescos en cada reunión de La Moneda a la que asistían. Resultado: el gobierno del caballero de “en la medida de lo posible” no sólo les negó a esos valientes medios hasta el más miserable aviso, sino que incluso impidió que organismos no gubernamentales de países europeos les dieran económicamente una mano para su mínima subsistencia.

Es más: esa platita fue toda a El Mercurio y a Copesa, que se habían jugado por entero contra la Dictadura. Los avisos de gobierno debían ir a medios de caballeros, no de rotos.

¿Qué tiene de extraño, pues, que el seboso Correa sea el “lobista” más reputado y con más prensa de la plaza? Después de todo, su período de ferviente revolucionario fue apenas una chiquillada. La prueba es que hoy defiende con sus malabares, culebras y contactos hasta al Diablo, siempre que haya buena plata. ¿Qué tiene de extraño, además, que “Quenito” Tironi sea hoy por hoy columnista regalón de El Mercurio, cuando él y su gobierno concertacionista hicieron todo por arreglarle económicamente el naipe a la empresa del “Dunny”, que estaba hasta las masas?

Hoy, Tironi se diversifica. Deja los púlpitos de El Mercurio para incursionar con una columna en el “The Clinic”. Con un estilo grandielocuente, rebuscado a más no poder y donde no pueden, por supuesto, faltar las pruebas de su sólida cultura mencionando a autores que a muy pocos les suenan, “Quenito” arremete, utilizando como pretexto a los encapuchados, contra “ese brote de rabia, fanatismo y fundamentalismo que se ha esparcido en personas que hasta hace poco se veían perfectamente integradas al mismo sistema que hoy acusan de moralmente intolerable y escandaloso”.

Y agrega, muy orondo y seguro de sí mismo: “No se trata, repitámoslo, de gente excluida o marginada. Entre las figuras más vociferantes hay varios que han ocupado agregadurías en el extranjero, que han ejercido como autoridades o asesores de los gobiernos que han manejado el país en estos 30 años, que han prestado sus rostros o su creatividad para promover marcas comerciales que, con un envidiable desenfado, han poblado los programas de farándula, que han obtenido fondos públicos para desarrollar sus talentos. En otras palabras, poseen una experiencia de vida que no tiene nada en común con la de los encapuchados: han dispuesto de oportunidades infinitamente superiores”.

¿Podríai por lo menos nombrarlos, cobardote? Porque pucha que es fácil disparar al voleo.

¿Quién te dijo, además, agilao, que el hecho de que esas personas “se vieran perfectamente integradas al sistema” significaba que lo estaban realmente? ¿Y qué tiene de censurable que, incluso estando perfectamente integradas, como voh decís, señalaran tras el estallido social que el sistema es moralmente intolerable y escandaloso?

¿No estabai voh envuelto en la bandera contra la dictadura y, sin embargo, después te arreglaste los bigotes con los mismos que antes supuestamente combatiste?

Aparte, tu tramposa introducción de los encapuchados para tu columna de morondanga es de lo peor que se ha visto escrito en un medio nacional en los últimos tiempos, y pucha que cuesta poco leer hoy en día bodrios infumables con el nivel de prensa que tenemos.

Dices tú, textualmente, “Quenito”, que “lo de los jóvenes encapuchados se puede comprender. Su violencia apocalíptica es un modo de escapar del anonimato, de volverse figuras visibles no sólo localmente, sino a escala planetaria. La posibilidad de borrar en la masa las distancias y las jerarquías, de sentirse parte de un cuerpo que irradia el calor del que han carecido, de borrar por un instante la soledad y el sinsentido. La ocasión de quebrar con los límites, de rebelarse ante el tabú y lo prohibido, de aspirar a lo imposible”.

Te juro que, tras leer ese brillante párrafo, pensé en cómo te envidiaría Vargas Llosa y en cómo se estaría revolviendo en su tumba el “Gabo” por no habérsele ocurrido nunca a su genial pluma una descripción tan brillante y ditirámbica como la tuya.

Pero como pretendo ir más al fondo que a tu forma alambicada y barroca, te pregunto:

¿Qué es eso de “violencia apocalíptica”? Te lo pregunto porque, por lo que leo, no estai hablando de narcos y lumpen haciéndole de chupete a un supermercado durante un saqueo, ¿verdad? Entiendo que estai hablando de la cabrería que “guerrea” con los pacos a palo y piedra limpia, ¿no es cierto? ¿Y qué tendría eso de apocalíptico cuando es lo mismo que hacía la cabrería que, a partir de 1983, cuando comenzaron las protestas contra el Tirano, se agarraba con todo con los pacos y hasta con los milicos mientras voh (estoy suponiendo nomás) poniai los ojitos blancos de emoción?

¿O es que entonces era lindo porque vendiendo las pomadas que siempre hai vendido voh también te haciai pasar como opositor al dictador para agarrar bueno después?

Lo otro: ¿de dónde sacaste la peregrina idea de que esos encapuchados pretenden “escapar del anonimato, volverse figuras visibles no sólo localmente, sino a escala planetaria”? Ubícate, tontorrón fresco. Los cabros, si quisieran hacerse famosos, posarían a cara descubierta para las cámaras. Y te aseguro que tu “supuesta fama planetaria” los tiene sin el más mínimo cuidado. Con suerte saben que existen Perú y Bolivia, porque sus gobiernos y los nuestros han vivido históricamente echándose la foca para embaucar al populacho. Y Argentina, claro, porque han tenido a Maradona y a Messi y les hemos ganado dos finales de Copa América después que toda la vida nos han tenido de caseros.

Las otras frases que les dedicai a los encapuchados, decidí no pescarlas. Son puro moño y cero sustancia.  Suenan bonito para los giles que con cueva saben hilar dos frases, pero son tan relamidas y cursis que hasta me dio vergüenza ajena. Si alguien quiere conocerlas y sentir parecidas náuseas, bueno, que lea el The Clinic…

Aparte, ¡qué podíai saber voh, pije aprovechado, del sentimiento profundo de esa cabrería, cuando no hai bajado nunca de Plaza Baquedano hacia el oeste, salvo cuando ibai a La Moneda a cobrar tu jugoso chocoso de gurú de pacotilla!

¡Y ya, me cabreaste “Quenito”…! Me cabreaste voh, los Chahín, los Burgos, los Velasco y cuanto sinvergüenza va a tratar, sin ninguna duda, de pasarse al pueblo una vez más por el aro, haciendo funcionar a todo ritmo la “cocina” del Congreso y partiendo reiteradamente a la carpa ubicada entre Moneda, Teatinos, Morandé y Alameda para prestarse quien sabe para qué siniestros enjuagues con el alicaído señor Corales.

Pero te advierto, “Quenito”, que esta vez no va a ser como cuando botaron a Allende. Tampoco como con el Plebiscito. Los tiempos cambiaron, frescolín y demás sinvergüenzas concertacionistas y de la auténtica derecha. De tanto ser estafado por ustedes y abusado por los poderosos, el pueblo hoy está vivo el ojo y más que dispuesto a no aguantar más sinvergüenzuras ni baladronadas.

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