Así con el «milagro»: Los bajos sueldos de Chile y la explicación para tanta miseria

  • El 50 % de los trabajadores chilenos gana menos de $400.000 y prácticamente 7 de cada 10 trabajadores percibe menos de $550.000 líquidos.
  • Sólo el 20,2 % gana más de $750.000 líquidos.
  • 83,7 % de las mujeres que tienen un trabajo remunerado gana menos de $750 mil líquidos.
  • En las regiones de Coquimbo, Libertador, Maule, Biobío, Araucanía, Los Ríos, Arica y Parinacota y Ñuble se observa un atraso salarial más pronunciado, ya que el 70 % de los ocupados/as percibe menos de $500 mil.
  • En 21 de las 33 grandes ciudades chilenas informadas, la mediana no supera los $400 mil, en 11 se ubica entre $400 mil y $500 mil y solo en Calama se supera los $500 mil, llegando a los $800 mil.

Estas son sólo cinco datos centrales del último estudio de la Fundación Sol acerca de los sueldos miserables que perciben los trabajadores en Chile. ¿Cómo es posible que estos sean los sueldos que predominen en la masa laboral en circunstancias que Chile se acerca a los 30 mil dólares per cápita? Para el detalle, vea el estudio «Los verdaderos sueldos de Chile» y dese cuenta que no está solo en esta trágica realidad de quienes viven de su trabajo.

«Primero, se explica por una sindicalización débil y bajo poder de negociación ramal para disputar las utilidades de ese crecimiento. Por eso es que, aun cuando el empresariado gane 100, nada de eso bajará a los trabajadores», dice Marco Kremerman, economista investigador de la Fundación Sol.

«En Chile no hay derecho a huelga efectiva porque además existen los ‘servicios mínimos’ que se inventaron con (Michelle) Bachelet. Además nuestro sueldo mínimo es bajo, pese a que genera el ‘efecto faro’, es una referencia en la estructura de sueldos, que hace que muchos salarios se le terminen pareciendo. Y por último está la matriz productiva», agrega.

Y este tema es clave, porque, por más que crezca el músculo negociador del mundo sindical y aumentemos el salario mínimo, la continuidad de una matriz productiva extractivista limitará la calidad del empleo que se pueda generar en el futuro, pues ésta prescinde del conocimiento avanzado y de la alta calificación técnica que permite pagar mejores salarios a quienes se sitúan en la base de la pirámide, que es lo que ocurre en las industrias de los países desarrollados.

«Las grandes empresas chilenas, los grandes grupos económicos, vienen haciendo lo mismo desde los años ’80. ¿Por qué van a hacer cosas nuevas si han ganado mucha plata haciendo lo mismo? ¿Por qué van a cambiar si tienen una institucionalidad a su favor, un régimen de relaciones también favorable, un sueldo mínimo bajo, un sistema de pensiones que los financia? No lo necesitan.Lo que necesitan es garantizarle a los trabajadores el extraño derecho a endeudarse para llegar a fin de mes», agrega Kremerman.

Lo que torna aún más aberrante el bajo nivel de los salarios es que la economía chilena ha crecido, desde 1990 a la fecha, a un ritmo tres veces mayor que el crecimiento de los salarios, incumpliéndose no ya sólo la vieja promesa del «chorreo», sino la más elemental máxima capitalista que consagra una gratificación proporcional al esfuerzo. Si el empresariado no quiere mejorar los salarios, ¿por qué no pagar con tiempo de descanso y aprobar la reducción de jornada a 40 horas?

«En Chile se da una gran contradicción. La teoría nos dice que cuando un país crece y se hace más rico, las personas deben disfrutar de una mejor calidad de vida. Pero ocurre que Chile llega a los 27 mil dólares per cápita ajustado por paridad de compra y, sin embargo, se le pide más a los trabajadores. Se le pide flexibilidad, que es algo que precariza. Encima las pensiones te obligan a trabajar más, y al final menos tiempo queda para la familia y el ocio», dice.

Un capitalismo oligárquico

Por cierto: este extraño modelo de desarrollo es, a las claras, la negación misma del capitalismo liberal que dicen representar. En este orden de cosas, según deja entrever Kremerman, se permite que los grupos económicos capturen una renta y no tengan necesidad de competir, fenómeno que torna innecesaria la innovación constante y la contratación de los mejores técnicos. Por el contrario: necesitan atraer no ya a los más competentes y talentosos, sino sólo a las personas que logren mantener el patrimonio en las mismas manos.

Marco Kremerman, economista de la Fundación Sol
Marco Kremerman, economista de la Fundación Sol

«Entonces, no es raro que veamos que sigan haciendo lo mismo y que el negocio pase del abuelo al hijo, del hijo al nieto, o al primo y al sobrino… Esto le hace muy mal a Chile, y es algo que comienzan a decirlo importantes economistas de todo el mundo respecto de un país que invierte el 0,4% del PIB en investigación y desarrollo, y casi todo a cuenta del Estado», señala Kremerman, quien ve nuevos impedimentos para concretar ese salto al desarrollo que Chile se niega a dar.

«Hay encerronas institucionales como la firma del TPP-11 sin evaluaciones ni estudios de cómo impactará en la economía ni a quiénes beneficiará. Esa estrategia de firmar tratados de libre comercio a diestra y siniestra cercena la posibilidad de fortalecer el rol estratégico del Estado. Chile debe hacer lo que le conviene a su economía, no lo que le conviene a sus millonarios, y con este TPP-11 no sólo limitaremos la soberanía de país, sino que hipotecaremos el futuro del pueblo chileno», indica el economista de la Fundación Sol.