Desde el estallido y hasta la pandemia, los sufridos ciudadanos de este país hemos debido soportar otra tortura: una sobredosis de “Cadenas Nacionales” del Presidente, sumadas a sus intolerables y permanentes peroratas huecas, llenas de frases hechas y lugares comunes. ¿A nadie se le ha ocurrido inventar una “tele” donde no aparezca este zopenco?

*Lautaro Guerrero

Años atrás, en plena Dictadura, acompañé a un periodista amigo a una multitienda ubicada en el centro de la ciudad. “Manito de guagua” como era, pensé que no me podía perder tan magno acontecimiento: quería comprar un nuevo televisor porque el que tenía, fiel compañero de mil batallas, venía por meses pidiendo a gritos una incondicional rendición. El aparato, de 23 pulgadas y en blanco y negro, mostraba sólo figuras obesas y groseramente chatas, debido a franjas negras arriba y abajo de la pantalla.

El vendedor, que como todos iba en la parada de la eventual venta para mejorar aunque fuera en parte su escuálido sueldo, le puso el acostumbrado “pino” para describir el producto: a color, pantalla plana, control remoto, encendido instantáneo, protección ante inesperados golpes de corriente y un largo etcétera. Mi amigo, reconocido como uno de los periodistas más ingeniosos y chispeantes del medio, lo paró en seco. Le dijo: “Mire, gancho, ninguna de esas huevás me interesa. Yo lo único que quiero saber es si en este aparato me va a seguir saliendo el fiscal Torres”.

Para los desmemoriados y para los más jóvenes, hay que decir que Fernando Torres Silva, hoy a buen resguardo en Punta Peuco, fue el equivalente del “Mamo” Contreras en el Poder Judicial, actuando como fiscal militar para perseguir y apresar a cuanta voz disidente amenazara el sacrosanto orden del Dictador patán. “Prima donna” para el periodismo uniformado, es decir, casi todo, Torres Silva invadía a cada rato nuestros hogares a través de la pantalla, entrevistado por Pablo Honorato, Julio López Blanco, Claudio Sánchez y muchos otros periodistas alcahuetes del régimen. Un día que este siniestro personaje no apareciera y se tejían las más delirantes especulaciones. Desde que a lo mejor había caído en desgracia con el huaso bruto hasta que podría haber sido víctima de un “cobarde” atentado promovido por el marxismo internacional.

Mi amigo, que como ya conté era tan apretado que hasta se decía que cuando abría una mano todavía tenía pelusitas del chal que lo cobijó de bebé, al final se fue sin comprar nada, pero me hizo recordar ese episodio, que data de los ´80, a propósito de las constantes, permanentes e insufribles apariciones en pantalla de nuestro honesto y capaz Presidente Piñera.

¡Qué manera de salir a cada rato y por cualquier cosa, dios mío…! Aparte de sus incontables “Cadenas Nacionales” (van como veinte los últimos meses), que obligan a apagar rápidamente el aparato por una cuestión de sanidad mental, nos interrumpe a cada rato hablando o haciendo cualquier cosa, por nimia, inadecuada y hasta ridícula que parezca. ¿Quién no sintió vergüenza ajena, por ejemplo, al verlo en los patios de La Moneda dándoles el vamos a tres camiones que iban a repartir en los barrios populares las pichiruches cajas de alimentos? ¿Eran compras de su bolsillo para intentar calmar a un populacho que debe elegir entre morir de Coronavirus o de hambre? ¿Había ayudado él a cargar las cajas? ¿Iba a ser La Moneda la central de abastecimiento de aquí en más?

En medio de una crisis sanitaria sin precedentes, sumidos en una crisis económica, política y social que es toda una bomba de tiempo, Piñera cree, como el tontorrón que es, que basta su aparición para que la pesadilla se mitigue y la gente recupere la confianza y la tranquilidad. Es precisamente al revés, zopenco. Los ciudadanos de este país, mayoritariamente, te tienen hace rato sacada la foto como el Presidente más inepto que se ha conocido a través de toda la historia, marca que era difícil de batir con los muchos carcamales que han ocupado ese cargo.

El problema es que, además de inepto con todas sus letras, Piñera se ha transformado en un insufrible majadero. Porque aparte de aparecérsenos a cada rato, sus discursos ramplones, llenos de frases hechas y huecas, se antojan un disco rayado. ¿Habrá alguien sensato capaz de soportar esa gratuita tortura, incluidos sus propios y ya escasos partidarios? ¿Existirá alguien que se conmueva, que se sienta tocado cuando habla de los “vulnerables” de este país, cuando ha vivido burlándose de ellos y trampeándolos evadiendo tributos, sacando su obscena fortuna hacia paraísos fiscales y hasta pretendiendo cobrarle al Estado una millonaria devolución de impuestos?

En medio de una crisis sanitaria sin precedentes, sumidos en una crisis económica, política y social que es toda una bomba de tiempo, Piñera cree, como el tontorrón que es, que basta su aparición para que la pesadilla se mitigue y la gente recupere la confianza y la tranquilidad

Cuándo habla de generosidad y de solidaridad, ¿es que ha renunciado o se ha rebajado al menos un porcentaje de su millonario sueldo por su conducción de morondanga? ¿Es que con plata suya, mayoritariamente mal habida, por lo demás, ha aportado a hospitales o financiado la compra de respiradores?

Angela Merkel, la primera ministra de Alemania, en todo el período de la pandemia sólo una vez hizo uso de una cadena nacional. Inteligente y criteriosa, siempre tuvo claro que, más que la cháchara vacía, en tiempos de crisis son los hechos los que mandan. Y lo mismo hicieron otros gobernantes europeos serios, como Pedro Sánchez en España, Sergio Mattarella en Italia o Emmanuel Macron en Francia. De partida, ninguno de ellos fanfarroneó como Piñera lo hizo, diciendo que se estaban preparando desde los primeros días de enero para combatir una pandemia, en circunstancias de que, cuando esta finalmente llegó, nos pilló absolutamente empelotas.

Y así es como estamos ahora: con un número creciente de contagiados y de muertos por Covid-19, a pesar del manejo turbio y mañoso que se ha hecho de las cifras por parte de su gobierno.

Pero usted, a lo mejor creyendo o queriendo creer en encuestas truchas, como la Cadem, pagada además con dineros del Estado, piensa, en su increíble megalomanía y en su inmenso egocentrismo sin ninguna base, como no sea los millones de dólares que posee, que con su manejo torpe y sus insoportables intervenciones va a detener esto como por encanto.

Avíspate, agilao. Eres un cero a la izquierda y ni todos tus millones van a cambiar eso. Piénsatelo: trabaja más y habla menos. En lo posible no hables, que nos haces a todos exclamar como el Quico del “Chavo del Ocho”: “¡Cállate, cállate, que me desesperas…!”.

Mientras tanto, pienso gastar uno de mis permisos de la “Comisaría virtual” y partir en línea recta al supermercado que mes a mes me esquilma. A ver si, como pretendía mi amigo periodista en décadas pretéritas, encuentro un televisor donde no me salga Sebastián Piñera.

La otra sería poner un aviso clasificado: “Compro televisor, de la marca que sea, donde no me aparezca el Presidente”. Está difícil, pero la esperanza es lo último que se pierde, como andan diciendo todos esos políticos frescolines a los que se les acabó la fiesta para reelegirse una y otra vez como alcaldes, diputados y senadores.

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