Los argumentos del neoliberalismo son tan descabellados y cenutrios que muchos pensaron que responder a ellos constituía una pérdida de tiempo, lo que ha sido un error, ya que, a fuerza de ser repetidos una y otra vez en medios de comunicación afines por economistas interesados y tecnócratas, han terminado echando raíces en las desorientadas cabecitas de los más desinformados, ingenuos y timoratos, quienes se terminan creyendo que toda reforma es un escalón más en esta escalera descendente al infierno. Para contrarrestar todos estos disparates y pamplinas es que comparto esta especie de “manual contra charlatanes, indecentes e interesados en defender un sistema» que, demás está decir, fracasó rotundamente en su objetivo.

Vamos por parte: pensar a diez o quince años es un privilegio de pocos en este país, y hay quienes no parecen entenderlo. La mayoría de los chilenos mira a un horizonte de días o semanas, incluso de horas, al menos si consideramos que un 40% de la fuerza laboral se desempeña en la más absoluta informalidad y que come según lo que gana durante el día anterior. En otras palabras: es una locura invitar a las personas a pensar en el futuro cuando ni siquiera tienen resuelto su presente, más cuando su futuro previsional se ve indigno con o sin retiro parcial de fondos, que es lo que se propone hacer a efectos de paliar la debacle económica derivada de una pandemia mal gestionada.

En fin. Ya decía yo que el neoliberalismo no es una ideología propiamente tal, sino sólo una defensa racional y más o menos ingeniosa del privilegio y la codicia. El nivel de los argumentos esgrimidos por los defensores del sistema de pensiones demuestra el poco respeto que sienten por quienes integran el estado llano, esa “plebe quejumbrosa” que no ha sabido “valorar ni apreciar un sistema de pensiones que tanto progreso le ha traído a Chile”, como he escuchado decir a sus precursores. (Quizás habría que discutir primero qué entendemos por “progreso”, incluso debemos discutir qué es Chile. Digo, para ver si hablamos de lo mismo).

He aquí las máximas de integran el espantoso argumentario neoliberal en defensa de las AFP:

1).- “El sistema es bueno. Lo que pasa es que el mercado laboral es precario”

Argumento predilecto de neoliberales que dicen estar al tanto de las precarias condiciones de trabajo de millones de chilenos y chilenas. Lo esgrime a modo de atenuante, en circunstancias que es todo lo contrario: es un agravante, toda vez que el diseño de un sistema de pensiones para Chile debe adecuarse a la realidad del mercado laboral de nuestro país, uno donde existe un alto grado de informalidad y donde abundan las magras remuneraciones y todo tipo de precariedades. No se puede diseñar un sistema de pensiones para Chile mirando la realidad de Nueva Zelandia o Noruega. ¿O estoy chiflado? ¿Soy yo el que está mal?

2).- “Los sistemas de reparto son inviables porque están naciendo menos niños”

Perdóname si por ahí me equivoco, pero, hasta donde yo sé, para pagar pensiones necesitamos que nuestra economía genere riqueza, no que hombres y mujeres se aboquen a traer niños al mundo. Para sostener un digno sistema de pensiones atendiendo la nueva realidad demográfica -como lo está haciendo Japón, ahí donde el crecimiento vegetativo de su población hace rato va en descenso- debemos introducir crecientes niveles de innovación y productividad en nuestra matriz productiva, y no convertirnos en Bangladesh, donde la población de niños y adolescentes es mayoría. Chiquillos, ¿No es mejor sincerar el asunto y reconocer que aman a las AFP? ¿No pueden simplemente decir que este país experimentó un “milagro económico” y que las AFP son un componente clave en la arquitectura institucional que hizo posible tal «milagro»?

Por cierto: los sistemas de reparto continúan siendo predominantes en el mundo. Los locos somos nosotros, que insistimos en sostener una anomalía fracasada.

3).- “Los sistemas de reparto están quebrados”   

¿Cuáles?, les pregunta uno cada vez que escucha semejante tontería. Y ellos dicen “en Europa”, sin precisar un país, un solo estado. No, mi buen hombre: no han quebrado. De hecho, ahí se les puede ver hoy en día: están todos vivitos y coleando, todos, y nuevamente financiados, y la razón es tan sencilla como poderosa: es el sistema menos malo para el objetivo orientado a pagar pensiones. Lo que ocurrió fue que hubo que tomar todo el dinero de la seguridad social para salvar a los bancos y entidades financieras luego de la crisis subprime. Lejos de tener problemas de financiamiento, los sistemas de seguridad social fueron usados para salvar a los países del enorme descalabro que se les venía. ¿De dónde creen que los países europeos sacaron la plata para hace frente al endeudamiento privado masivo? ¿Acaso creen que la plata cayó del cielo?  

Por otra parte, si el sistema nuestro es tan luminoso, ¿por qué los países con reparto presuntamente «quebrados» no reforman sus sistemas de pensiones? ¿Qué pasa que Trump no lo introduce en Estados Unidos? ¿Por qué los militares de Chile no adhieren a él? Simple: no sirve.

4).- “El sistema de AFP produce efectos positivos, como aumentar el ahorro”

…y sí, quién sabe si hasta nos ayuda a clasificar al Mundial de Qatar 2022. Puede ser. El punto es otro: no sirve para pagar pensiones dignas, y esto es grave pues constituye su objetivo esencial.

El mismo Axelito Káyser se quejaba tiempo atrás de que los detractores del sistema echaran mano a cifras que, de manera irrefutable, comprueban las magras pensiones que pagan las AFP. “Es la única cifra de oro que tienen”, dijo el filósofo en una entrevista, y con dejo de desprecio, concediéndonos el punto, aunque luego pasó a enumerar los beneficios que genera el sistema de AFP en la economía, en la vida, en el amor, en todo, pero desconociendo que la calidad de un sistema se ve en la medida que cumpla o no con el objetivo primordial para el que fue diseñado.

El sistema de pensiones puede generar muchos efectos positivos, es verdad; pero lo primero, su primerísimo objetivo, su razón de ser, es financiar el pago de… ¿a ver?, ¿qué será? Exacto: su primer objetivo es financiar el pago de pensiones. Parece tan obvio, ¿cierto? Bueno, parece que no es tan obvio. A menos que… a menos que el objetivo primordial de Pepe Piñera no hubiese sido pagar pensiones, sino que… ¿crear el mercado de capitales?, ¿financiar a los grupos económicos, quizás? Mmmmm… puede ser.

5).- “Nadie, ni el Estado ni ningún político, va a igualar la rentabilidad que obtienen las AFP”

Nuevamente se apela la racionalidad económica como principio rector de nuestras acciones. ¿Es que sólo hacemos cosas pensando que obtendremos un beneficio económico cambio? No. He ahí el error del mundo neoliberal, un error de base, que no le permite comprender que tantos millones de chilenos prefieran extraerse un riñón y venderlo que contraer una deuda adicional, ahora con el fisco, por muy lindo que le dibujen las condiciones de pago.

Ya decía que poco importa si las AFP rentan mucho si, en definitiva, el objetivo principal del sistema no se cumple. El objetivo primordial del sistema es (anótelo cien veces) pagar pensiones. No confundamos el medio con los fines. Aquí se repite el mismo error de la estrategia sanitaria contra la pandemia: creer que el objetivo es sumar ventiladores, y no contener su propagación. Lo bueno es que millones han ido comprendiendo, gracias a las millonarias pérdidas del ultimo tiempo, que es un verdadero contrasentido que aquello que pertenezca al campo de la seguridad social se encuentre atada a los vaivenes bursátiles.  

6).- “El futuro se ve negro para nuestra economía sin las AFP”

¿Hay vida más allá de las AFP? Pues sí. Para la inmensa mayoría del mundo es así. Los países viven sin AFP. De hecho, es lo normal. Resulta increíble la porfía de las personas que insisten en proyectar un futuro sobre una base que está destinada a desaparecer. Somos muchos los que trabajamos legítima e infatigablemente por destruir el sistema de pensiones y por modificar la matriz productiva del país porque ambos son insostenibles. Por ende, carece de todo sentido seguir haciendo cálculos sobre un escenario improbable o derechamente imposible. Háganse la idea chiquillos: la chacota se va a acabar retirando o no el 10%.

El problema es que, de ahora en más, seguiremos escuchando tonterías en defensa de las AFP, porque sólo tonterías puede pergeñar la cabecita que ignora la realidad y la magnitud de la fractura que vivimos en Chile. El neoliberalismo chileno nada sabe de la psicología de las personas, esas que, en su inmensa mayoría, ya no quiere saber más de la palabra «deuda», que desconfía de sus autoridades, y que cree que toda gran ayuda que le ofrezcan por parte del Estado (en este caso los “préstamos solidarios”, que al comienzo eran “créditos blandos”, concepto que de por sí ahuyenta al eventual beneficiario) es un salvavidas de plomo, al igual como en su minuto terminó siendo el CAE para millones de chilenos y chilenas que han sufrido más de la cuenta debido a ese instrumento de financiamiento de estudios superiores. ¿Por qué creer ahora que es genuino y bienintencionado este plan de ayuda a la clase media?

Toc, toc, toc… ¿Hay algo dentro de esa cabecita neoliberal tontorrona?

Roberto Bruna

Roberto Bruna (Santiago, 1977) es periodista de profesión y Director de Contenidos de El Soberano. Estudió en un colegio cuyo nombre da exactamente igual y se tituló en una universidad “pública y...

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3 Comentarios

  1. Me quedo con lo que dices en el punto 3, diste justo al clavo, el sistema de reparto es una pésima idea porque la administran y apropian los políticos corruptos, te disparaste en el pie, y ademas lo subrayas jajaja «Lo que ocurrió fue que hubo que tomar todo el dinero de la seguridad social para salvar a los bancos y entidades financieras luego de la crisis subprime. Lejos de tener problemas de financiamiento, los sistemas de seguridad social fueron usados para salvar a los países del enorme descalabro que se les venía»

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