Fracasada la negociación para una rebaja de los sueldos del plantel, a causa de la pandemia Covid-19, Blanco y Negro decidió acogerse, como tantas otras empresas frescolinas, a la ley de “Protección del Empleo”, que, más que defender a los trabajadores, busca defender y cuidar al gran capital. Pero no deja de ser positivo que a los futbolistas se les rompa la burbuja en que la inmensa mayoría de ellos vive.

*Lautaro Guerrero

Se veía venir: Blanco y Negro, Sociedad Anónima que desde quince años usurpa a Colo Colo, decidió sumarse a otras instituciones que antes se habían refugiado en la ley de “Protección del Empleo”, dictada por el gobierno de Sebastián Piñera con el acuerdo del Congreso, para combatir las ciertamente nefastas consecuencias económicas que la pandemia del Covid-19 está provocando en Chile y el mundo.

Y es que una sustancial rebaja de sueldos a los jugadores, planteada por la regencia encabezada por Aníbal Mosa, no contó finalmente con el acuerdo de estos. Todo hace pensar, sin embargo, que, habiendo consenso en el fondo, el pacto fracasó por razones de “forma”.

Queda claro que la postura de los jugadores estuvo lejos de ser calificada como “intransigente”, toda vez que se mostraron de acuerdo con la posibilidad de que sus remuneraciones fueran rebajadas temporalmente entre un 40 y un 30 por ciento, dependiendo del nivel de sueldos de los integrantes del plantel. Nada descabellado, si pensamos que, entre Esteban Paredes, Nicolás Blandi, Julio Barroso y otros cracks destacados del plantel albo, hay una clara diferencia respecto de lo que mes a mes perciben aquellos jugadores de “segunda línea”, y ni qué decir de aquellos que, como Gabriel Suazo, Iván Morales, Carlo Villanueva y algún otro, provienen de las series menores.

Refuerza moralmente el planteamiento del plantel popular el hecho de que, en una actitud más que justa, pusieran como condición para acceder a rebajar transitoriamente sus emolumentos, el que los trabajadores que tiene Blanco y Negro para labores administrativas y tareas diversas, como aseo, mantenimiento de canchas y otros, no vieran por ningún motivo reducidas remuneraciones que, en ningún caso, podrían ser calificadas como “millonarias”.

¿En qué se topó, entonces? Claramente, en que los jugadores exigieron, con todo derecho, y más allá de lo discutible que puede ser tal postura, que los descuentos realizados ahora, en tiempos de palpable crisis, sean devueltos gradualmente, pero íntegramente, a partir del año próximo.

En su intervención ante la prensa, Mosa no entró en mayores detalles acerca de lo que primero trabó y luego hizo fracasar la negociación. Se limitó a decir que “los jugadores le habían dado un portazo a la institución”, agregando que “el gasto más significativo que tiene el club son las remuneraciones, que alcanzan al 80 por ciento de los $ 1.150 millones que cuesta mantener esta institución”.

Tras precisar que Blanco y Negro tiene 168 funcionarios, de los cuales 135 no verán afectados sus sueldos, ni correrán el riesgo de perder su empleo, Aníbal Mosa agregó que “lamentablemente, con los jugadores no pudimos llegar a acuerdo. Al parecer, ellos no entendieron que esta es una crisis mundial, que ya está afectando a todas las economías. Y para mí es un día muy triste, porque siempre he sido un dirigente pro camarín, lo que incluso me ha provocado más de algún problema con mis pares”.

Desde el prisma de los jugadores, la intransigencia corrió por cuenta de la regencia del “Cacique”, toda vez que, claramente, la piedra de tope estuvo en la devolución a futuro de lo que ahora se descontara. Esgrimieron, además, un argumento irrefutable:

El club (o sea, Blanco y Negro), continúa percibiendo íntegramente los fondos que mes a mes le entrega el Canal del Fútbol”.

Y siendo aquello verdad, es lógico pensar que los clubes del fútbol nacional cuentan con un “paraguas” económico que atenúa en gran medida la crisis. Porque, ¿cuáles son esos otros ingresos que las instituciones han dejado de percibir como para que no sólo Colo Colo, sino casi todas, estén con el agua al cuello a poco más de un año de recibir un millonario aporte en dólares, producto de la entrega en concesión por 15 años del Canal del Fútbol a la transnacional Turner?

¿Las recaudaciones? Huuummm… Salvo los tres denominados “grandes”, y alguna otra, históricamente presentan estadísticas penosas en este aspecto. Hay clubes que, en ocasiones, exhiben una concurrencia digna de club de barrio. Y ni siquiera los tres “grandes -léase Colo Colo, Universidad de Chile y Universidad Católica-, en su proyecto anual de gastos consideran este ítem como fundamental. Y no sólo porque están lejos de exhibir la concurrencia de público de otros años, sino porque cada partido les significa gastos extras que disminuyen cualquier “borderó”, como la contratación de guardias, boleteros, personal de apoyo y, en el caso de la U, hasta arriendo del estadio.

Ni hablar de lo que dejan en tesorería los socios y abonados. Es, también, un ingreso tan marginal que a lo más puede ayudar a pagar cuentas de agua y luz.

¿Sponsors? Puede ser. Sólo que tampoco estos están pagando lo que pagaban en años pasados, cuando los clubes chilenos eran futbolísticamente mucho mejores que los de ahora competitivamente hablando y a nivel internacional no se vivían los acostumbrados papelones que nuestros clubes frecuentemente protagonizan, sobre todo en Copa Libertadores.

Las empresas, en tiempos de crisis, acostumbran a pasarse de listas. Este período negro del Coronavirus claramente lo es. Y Blanco y Negro, muchachos jugadores albos, es una empresa más de este país, por cierto con sus particularidades, porque en lugar de vender buzos o tallarines vende un espectáculo.

Significa eso que, como claramente está mala la cosa, y se viene peor, el empresariado va a hacer cualquier cosa con tal de no ver disminuidas sus ganancias. De perder, por último, lo menos posible. Que pierdan los giles, o sea, los trabajadores. Si no, ¿cómo entienden ustedes, muchachos albos, que hasta los sinvergüenzas de Farmacias Ahumada apelen a esta ley de Piñera para no pagar por un tiempo por el arriendo de los locales que utilizan? ¿Cuándo, durante todo este tiempo, han estado cerradas las farmacias y sin poder atender público? ¿Olvidaron los caraduras de sus dueños que durante años nos estuvieron metiendo el dedo en la boca a todos, coludiéndose con los precios de los remedios? ¿Cómo el que Latam, empresa gigantesca de navegación aérea, vaya a recibir un salvavidas económico gubernamental cuando en tiempos de bonanza hace todo tipo de malabares para ganar el máximo y tributar lo mínimo?

Lo cierto, muchachos albos, es que esta ley de Protección del Empleo, idea de un Ejecutivo experto en payasadas y visada por la despreciable clase política que tenemos, sólo busca defender la salud económica de las empresas y que el resto se vaya al carajo. Porque los trabajadores sí que pueden andar mendigando por un miserable seguro de cesantía, mientras las AFP y las Isapres se ríen de los peces de colores, porque ellos sí siguen percibiendo, y puntualmente, la misma platita de los tiempos normales.

¿En qué otro país del mundo se ha dictado una ley parecida a esta, chilenitos?

Jugadores de Colo Colo, tienen ustedes un duro golpe con la realidad. Y hasta es bueno que lo sufran. Porque ustedes, y más allá de que ganen mucho o poco, siempre se han considerado como en un mundo aparte. Uno de Bilz y Pap. A la inmensa mayoría de ustedes (con honrosas y plausibles excepciones) les resbalan o derechamente no les importan las pellejerías que sufre el ciudadano común. Hasta hacen estúpida ostentación de que “a mí no me importa o no me interesa la política”, pensando tal vez en tanto truhán profesional que, efectivamente, ha hecho de la política una profesión, pero no para servir, sino para servirse a sí mismos y arreglarse los bigotes embaucando giles.

La política es mucho más que eso, zopencos con chuteadores. Es saber ubicarse en la vida. Entender que todo lo que en este país pasa o no pasa, te va a terminar afectando, lo quieras o no. Es tener una posición, cualquiera ella sea, para discernir entre lo que favorece a las grandes mayorías y otro paquetito que, generalmente muy bien presentado, sólo busca resguardar, favorecer y cuidar, a los mismos de siempre.

Bienvenidos, jugadores de Colo Colo, al país real. Bienvenidos a ese Chile real, que recién empiezan a descubrir.

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