Pasándose por buena parte los protocolos de su propio gobierno inepto y chapucero, el Presidente, su familia y cercanos, se encargaron de recordarnos, una vez más, durante el sepelio de Bernardino Piñera, que en este país existen ciudadanos de primera y segunda clase. Ni el tontorrón que ejerce la primera magistratura, ni los “gomas” encargados de avivarle la cueca, han aprendido nada desde octubre y hasta ahora. La guinda de la torta: el pedido de alimentos “gourmet” que hizo La Moneda mientras la gente se muere de hambre.

*Lautaro Guerrero

Pese a su nutrido prontuario como ladrón de banco, tenaz evasor de impuestos sacando su fortuna hacia paraísos fiscales, y ávido comprador de “empresas zombies” para seguir evadiendo aún más tributos, Sebastián Piñera va por la vida con la impunidad del que se cree por encima de la ley y más allá del bien y el mal.

Respaldado por una inmensa fortuna mal habida, alcahueteado por sus incondicionales “gomas” y gozando de la inexistencia de quienes para la galería se disfrazan de “opositores”, Piñera ha hecho siempre lo que ha querido y se ha salido una y otra vez con la suya. Como si no fuera poco el desastroso manejo que ha hecho de esta crisis pandémica que nos aplasta, anula y abruma, con motivo del funeral de su “santo” tío, Bernardino Piñera, ex arzobispo de La Serena, nuestro honesto y capaz Presidente le dio una bofetada más a ese sufrido pueblo que, aparte de tener que tolerar su perorata hueca día a día por las pantallas, sufre frente a una disyuntiva nada de halagüeña: elegir entre morir de hambre o de Coronavirus.

Porque él, su familia y sus más cercanos, se pasaron este domingo por buena parte todos esos protocolos funerarios que el Ministerio de Salud ha establecido para aquellos ciudadanos que, independiente de su condición económica y social, deben respetar dichas normas a rajatabla, a riesgo de ser sancionados con las penas del infierno.

Imagen del ya famoso funeral del tío del payaso que tenemos por Presidente

De partida, en el funeral de su intocable tío, en el Cementerio Parque del Recuerdo, hubo más personas que las permitidas, se utilizaron elementos de ornato que para el “perraje” están prohibidos y para nada se respetó la distancia física mínima exigida. Como adecuado cierre de ceremonia, a Sebastián Piñera le abrieron gentilmente la tapa del cajón, para que pudiera contemplar por última vez a ese familiar que, de acuerdo con su inveterada tontorronería, ascendía al cielo para ser recibido con los brazos abiertos por San Pedro.

El registro fílmico de camposanto mostró, además, que para darle al tío Bernardino una despedida por todo lo alto, hasta habían llevado a un grupo musical cuyos delicados arpegios le dieron el adiós que tan magno personaje se merecía.

Me resultó inevitable no pensar en toda esa gente que, desde marzo y hasta ahora, ha muerto a causa de una pandemia enfrentada desde La Moneda como vulgares “maestros chasquillas”. Esos que, de acuerdo con los ingeniosos libretos de Eduardo de Calixto en tiempos de oro de la radiotelefonía, llenaban de agua las ampolletas cuando iban a una casa a reparar una cañería.

Porque ninguno de ellos pudo gozar de los privilegios de que hizo gala la familia de nuestro capaz, honesto, criterioso y mesurado Presidente. Llevaron las urnas mortuorias a toda velocidad al cementerio indicado y envueltas en capas y capas de plástico como cualquier salame que se precie, y los escasos deudos -no más de cinco- apenas tuvieron tiempo para un adiós acelerado y sólo por cumplir. Los versos de Gustavo Adolfo Bécquer (“¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!”) nunca tuvieron más sentido que en esos trágicos y tristes momentos.

Acostumbrado a pasar “piola” una y otra vez, en instancias por cierto mucho peores que meterse por buena parte los protocolos funerarios con toda razón vigentes, tuvo que salir la Subsecretaria de Salud, doctora Paula Daza, a prestarle ropa a su jefe, tratando de explicar lo inexplicable y diciendo cualquier burrada intentando exculpar la tontería Presidencial. Tontería que, en su caso, y por el cargo que desgraciadamente ostenta para desgracia de la inmensa mayoría, constituye una bofetada (y con escupo incluido), para todos aquellos que él considera más súbditos que ciudadanos.

¿Podía esperarse otra cosa de un tipo desprovisto de empatía, criterio y esas luces que generalmente acompañan a los que caen en el rubro de “los triunfadores”? Por cierto que no. Como decía mi querido y recordado padre, “no se le pueden pedir peras al olmo”. Sebastián Piñera sólo es un pillastre astuto y vivaracho a la hora de hacer negocios que incrementen aún más su ya obscena fortuna, pero es un zafio, un zopenco y un palurdo de marca mayor. Si fuera tan inteligente, como apuntan sus corifeos, de partida jamás habría aspirado al más alto cargo de la República careciendo de dedos para el piano. ¿Quién mejor que uno mismo para conocer sus propias limitaciones?

¿Qué Presidente inteligente y criterioso iba a decir en su momento que Chile estaba mejor preparado que Italia para afrontar la pandemia que se cernía? ¿Qué Presidente “habiloso” y capaz hablaría de guerras inexistentes y se haría fotografiar en esa Plaza Baquedano donde sus esbirros dejaron a tanta gente ciega y tuerta por el único pecado de estar ya hartos de este paraíso que día a día se empeñan en presentarnos? ¿Qué Presidente haría partir desde La Moneda camiones de mercadería para aminorar por uno dos o tres días el hambre del populacho? ¿Quién más que él torturaría a su pueblo una y otra vez frente a las cámaras con su retórica ramplona, hueca y repetitiva?

Hasta en el funeral de su tío, Piñera se mandó una frase imbécil pero que él, en su inmensa estulticia, pensó que daba para el bronce o el mármol. Dijo: “No es casualidad que haya muerto en el Día del Padre y víctima de una enfermedad que ha causado tanto dolor y sufrimiento en las familias chilenas”.

¿Cuál puede ser la relación, agilao, si el caballero por hacer votos de castidad no podía ser padre? ¿Y cuál la casualidad, cuando producto de tu escandalosa ineptitud se calcula ya en más de siete mil los chilenos que tuvieron que adelantar el último viaje? ¡Estamos llenos de casualidades, tontorrón…!

Aparte, su tío Bernardino también se fue de este mundo pasando “piola”, al igual como hasta aquí ha pasado su sobrino.

Pendiente quedó la investigación que se propuso llevar adelante el Vaticano, luego de recibir el año pasado una denuncia de un menor de edad por abuso sexual en contra de don Bernardino, cuestión que la Nunciatura Apostólica chilena debió acoger “para averiguar si es verosímil la denuncia de un hecho que data de hace 50 años”. Agregaba la Nunciatura que “se está en contacto con la persona que ha presentado la denuncia y, al mismo tiempo, se está actuando en el respeto del principio de la presunción de inocencia”.

Tal indagatoria, que quedó ciertamente inconclusa, se cruzaba con las dos que llevaba el Ministerio Público en contra del ex arzobispo de La Serena, José Cox, por abuso sexual contra menores.

La impunidad de la «realeza chilena»

Abel Flores, uno de los denunciantes de Cox, ya había insistido en que Bernardino Piñera estuvo presente, y que había presenciado en más de una ocasión los abusos que José Cox cometió en contra de él. Cox, como siempre ocurre con una iglesia desprestigiada y corrupta, que ampara y alcahuetea a pederastas y pedófilos, fue trasladado a Alemania entre gallos y medianoche cuando en el país la pista se le ponía pesada, pero he aquí que en el país europeo el santo curita siguió haciendo de las suyas, debiendo enfrentar una indagatoria esta vez canónica por otra denuncia de la cual hasta ahora no se saben resultados.

¿Qué va a pasar con esta grosera vulneración de normas para el funeral de Bernardino? Lo más probable es que nada, por más que el diputado DC Gabriel Ascencio, para la galería, anunciara, y con gran aspaviento, que envió un oficio a la Autoridad Sanitaria para que instruya un sumario por los evidentes incumplimientos de los protocolos establecidos para este tipo de situaciones por el propio gobierno chapucero de Piñera.

“Nadie está por sobre la ley. Esto debe investigarse”, dice Ascencio, tratando de convencer a los giles -o sea a nosotros- de que esto va en serio.

A voh tampoco te cree nadie, agilao. Sumadas las barbaridades del estallido social y de la pandemia por causa de un presidente absolutamente insensible e inepto, en cualquier país decente del mundo la oposición tendría que estar pidiendo ya a gritos su renuncia y la de todos estos “gomas” cómplices de la extensión y agudización de una crisis sanitaria y social sin precedentes.

En Twitter aparecieron imágenes que ilustran la desconexión de la oligarquía

El funeral en el que Piñera y sus cercanos nos hicieron ver una vez más que en este país hay ciudadanos de primera y segunda clase, ya lo sabíamos de mucho tiempo. Desde que, ganándose el dictador patán una merecida PLR por criminal, rasca y penca, la despreciable clase política que tenemos, de todas las raleas y de todos los colores, validó durante treinta años, una y otra vez, los abusos y la intolerable inequidad.

Pero como sólo Piñera es capaz de superarse a sí mismo, el vespertino “La Segunda”, a quien nadie podría etiquetar como “de oposición al gobierno”, lanzó sobre Palacio una bomba cuyas esquirlas son sencillamente devastadoras.

El pasado 18 de mayo, en plena pandemia, la Presidencia adjudicó a la empresa C.G. Demercado SpA, una licitación para adquirir productos “gourmet”, como paté de jabalí, mousse de pato, queso de búfala y caviar de salmón, entre otras exquisiteces. Todo por el lapso de un año completito. ¡Cáchense la ondita, sufridos chilenitos…! Mientras el populacho espera con los ojitos blancos y encomendándose al cielo por una pichiruche caja de alimentos que con suerte alcanza para cuatro días, el Payaso que nos gobierna y toda su corte de pelafustanes, con la barreta de que “son producto para eventos de alto nivel”, se mandan este indignante numerito.

¿Cuál es el problema de que coman charquicán, porotos con rienda o arroz con huevo y vienesas, tropa de sinvergüenzas mal nacidos? ¿Se van a enfermar de la guatita? ¿Se les va a hinchar la boca si alguna vez en su vida comen comida de rotos?

Pero no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, manga de patanes aprovechados. A estas alturas, y como no puede ser de otra manera, el pueblo sigue acumulando rencor e ira. Bastante saben de esto monarcas como Luis XVI y Nicolás II, que se sentaron una y otra vez en la dignidad y paciencia de la gente, hasta terminar ajusticiados por ese mismo pueblo que hipócritamente decían defender y amar.

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