Con apenas IV Medio, el personaje ha transitado por muchos cargos importantes durante los gobiernos de Piñera. Y, ciertamente, extraordinariamente bien pagado para lo que son sus escasas competencias. Es que Barrita, al contrario de estudiar y quemarse las pestañas, como tantos giles, descubrió pronto que en Chile eso de la meritocracia es puro verso.

Hay hombres que son chantas un día y son buenos. Hay otros que son chantas un año y son mejores. Hay quienes son chantas muchos años, y son muy buenos. Pero hay quienes son unos chantas toda la vida: esos son los imprescindibles.

*Lautaro Guerrero

Hay tipos que triunfan por ser talentosos, capaces y hasta brillantes. Otros que, teniendo similares cualidades, vegetan eternamente por ser demasiado “bajo perfil” o no arrimarse nunca al árbol adecuado. Y los hay, también, que en la vida alcanzan un éxito loco sin educación ni dedos para ningún piano, pero que tuvieron la astucia y el olfato para -desvergonzado servilismo mediante-, mirar sonrientes la vida y cortarla con cincel por saber hacerse de contactos poderosos, políticamente hablando.

El caso paradigmático es el de Cristián Barra, un gañán que tuvo que hacer un hoyo en la muralla para salir de IV Medio y, sin embargo, se ha forrado en las dos nefastas administraciones de Piñera, un inepto que, reconocidamente avaro con sus riquezas, es sin embargo de lo más generoso del mundo cuando se trata de ayudar amigos con plata ajena.

Porque ocurre que Cristiancito, que quedó cesante como funcionario de gobierno encargado de la denominada Macrozona Sur, por irse de lengua en contra de los caballeros de gorra e inútiles charreteras, he aquí que se demoró menos de un suspiro para encontrar otra peguita simpática en la Subsecretaría del Interior. No de junior, no de portero de alguna dependencia, como podría colegirse de su escaso nivel educacional. No. Nada de eso. El bueno de Cristiancito fue designado por el inepto nada menos que representando al país en una audiencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), para discutir el tema de la escasez hídrica de nuestro país.

Por hacer esa peguita, de la cual seguramente sabe tanto como yo de astrofísica, Cristiancito Barra cortará al mes nada menos que 6 palitos. ¡Háganme esa, manga de perdedores con título universitario…!

Con el pomposo título de Jefe de la Unidad de Gestión de Riesgos de la Subsecretaría del Interior, este verdadero Forrest Gump de la vida real, quien «debutó» en la cosa pública gracias al rescate de los 33 mineros, tuvo el papel de representar al chanta gobierno del que forma parte en la audiencia que llevaba por título “Desprotección del derecho al agua e impacto en poblaciones rurales y campesinas de Chile”.

Demás está decir que sus interlocutores, los muchachos del Movimiento de Defensa del Agua, la Tierra y la protección del Medioambiente (Modatima), y la Alianza Territorial Mapuche (ATM), cuando cacharon a Cristiancito no podían dar crédito a lo que sus ojos veían. Entre que pensaron en una especie de alucinación provocada por una nueva variante del Covid, y la terrible certeza de que el gobierno de morondanga que hoy tenemos les estaba tomando una vez más olímpicamente el pelo, a los ofendidos muchachos de Modatima y la ATM no les quedó otra que escuchar la sarta de sandeces que pronunció Barrita, con más personalidad que jugador uruguayo y tratando de imitar al máximo la voz engolada de sus amos.

La Araucanía ardía y el bueno de Barrita, que llevaba dos meses en el cargo, decidió tomarse unas merecidas vacaciones en Reñaca pagada por todos los chilenos. He aquí el perla, zampándose un capuccino en la playa (él mismo publicó esta selfie)

Estamos jodidos, muchachos. Pero, en realidad, ¿qué otra cosa podíamos esperar del pillo de siete suelas que, para desgracia nuestra, sigue conduciendo los destinos del país? ¿Qué, cuando mientras Chile se desmorona Piñera sigue protegiendo su obscena fortuna e incluso incrementándola, mientras mayoritariamente el perraje no tiene ni para hacer cantar un ciego?

Ahí está el nombramiento de Cecilia Pérez como ministra del Deporte, con un jugoso sueldito de 10 palitos sin haber jugado nunca ni a la Payaya. Una frescolina que, designada para un cargo para el cual no tenía ninguna competencia, ni siquiera se puso colorada para calificar a su jefe como una persona “intachable”, en claro signo de burdo agradecimiento. Una sinvergüenza que, a pesar de los recortes presupuestarios que se le hicieron a su ministerio, a causa del estallido primero y la pandemia después, se mandó a construir una oficina a todo trapo al interior del Estadio Nacional, porque al parecer la que tiene en el edificio de calle Fidel Oteíza no estaba a su altura.

Noventa y cuatro millones le costó al Fisco su capricho.

Cecilia Pérez y Cristián Barra son sólo dos ejemplos de que este gobierno incapaz y chacotero tiene del año que le pidan, agravando la mediocridad evidenciada por los muchachines concertacionistas, más preocupados de arreglarse los bigotes tras 17 años de sequía que de responderle a ese pueblo al cual no dudaron en traicionar y dejar en el más ominoso de los olvidos.

Pero no cabe duda de que, al final de cuentas, los giles somos nosotros. Por creerle en su momento a esta manga de sinvergüenzas aprovechados, que nos ponían por delante un Arco Iris o, por el contrario, nos auguraban un negro futuro sin libertades de ningún tipo  si no los elegíamos en su desembozado mesianismo.

Cristiancito Barra, al contrario de todos nosotros, cachó desde cabrito para dónde iba la micro. Se hizo goma de Alberto Espina y desde allí no le costó nada pegarse el salto para jugar en las ligas mayores, haciéndose necesario para el inepto de La Moneda y sus muchos malabares.

“Operador político”, lo denominaron sus detractores. Pero un “operador” vivaracho, convengámoslo. Y, desde luego, eficientísimo en su papel de “yes men”. Porque, ¿de qué otra manera se explica que un gañán y un burro como este haya transitado muerto de la risa por diversas dependencias del aparato público haciéndola de oro cada fin de mes y cobrando bueno de plata que nos pertenece a todos nosotros?

En su primera administración, Piñera, que no hallaba dónde poner a su amigo, inventó esa entelequia de “Estadio Seguro” para ubicarlo. Que Barrita pensara que la pelota saltaba porque tenía un conejo adentro, era un simple detalle. Que el organismo fuera el epítome de la chantería, porque claramente nunca ha servido para nada, tampoco. Que a los meses de dejar ese cargo fuera denunciado por el Consejo de Defensa del Estado por chorearse un iPad y un microproyector, fue considerado una simple travesura al lado de lo que han robado otros. Que fuera denunciado por giro doloso de cheques, y por el no pago de pensión alimenticia, como todo “Papito Corazón” que se precie, fue como agregarle una raya más al tigre.

¿Quién, además, iba a armar un escándalo por el hecho de que, como encargado de la Macrozona Sur, Barrita se fuera de vacaciones justo en los momentos que la zafacoca estaba a toda orquesta en La Araucanía y sus alrededores?

Todo un personaje, pues, este Cristián Barra. Iletrado y fresco, las cosas le han resultado mucho más gratas y llevaderas que a aquellos que se quemaron las pestañas sacando un título o siguiendo luego algunas maestrías.

Por eso, si por esas cosas de la vida alguna vez les corresponde compartir un vuelo con Barrita, y ven que este de repente abre la puerta del avión y se lanza al vacío, no duden en seguirlo.

Algo bueno tendrá que haber allá abajo. Eso, ténganlo por seguro.

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