Escándalo evangélico: Asociación Escéptica pidió cobrar impuestos a «emprendimientos espirituales»

El ámbito religioso nos ha regalado joyitas estas últimas semanas. El escándalo del obispo Eduardo Durán en la Catedral Evangélica, los resbalones de la Iglesia Católica en su interminable teleserie de abusos sexuales… y encima el cuadro de psicosis en un colegio evangélico, la sanción a Canal 13 por una rutina de Yerko Puchento… Uf. Tantas cosas que sirvieron para animar el último “Asado Secular” que, como siempre, organiza la Asociación Escéptica de Chile (AECH), y que se llevó a cabo en el Parque Alberto Hurtado, más conocido como el Intercomunal de La Reina. Lo importante es que nunca faltan los temas para poner en la agenda, y uno que puede ser urgente sería obligar a las iglesias a tributar considerando las enormes externalidades negativas que provocan, más cuando algunas tienen un evidente ánimo de lucro.    

Tarde o temprano los abusadores y corruptos, chantas y charlatanes, farsantes y pervertidos, así como sus financistas y encubridores, tenían que caer, aunque se sabe que nunca estarán en riesgo de extinción. Es cierto que en la era digital han prosperado nuevas formas de manipulación informativa capaces de engañar a espíritus poco críticos y cabezas sin amoblar, pero eso tiene un reverso: hoy cada ser humano tiene al alcance de su mano un dispositivo que le permite registrar el accionar de los indecentes y publicarlo sin necesidad de depender de los medios. En consecuencia, no hay impunidad que dure cien años ni temas que continúen siendo tabúes. Nunca más.

Y si somos capaces de enjuiciar a la Iglesia Católica, que cuenta con siglos de tradición y poder acumulado, por qué no hacerlo con las iglesias evangélicas que, de vez en cuando, nos regalan bochornosos espectáculos como el que ahora nos brinda el obispo Eduardo Durán, quien lleva una vida de holguras sin que nadie le recuerde haber derramado una sola gota de sudor. Y ya que estamos discutiendo de una reforma tributaria…  ¿deben pagar impuestos las iglesias evangélicas o personas que se dediquen al «emprendimiento espiritual»? “Sí, en efecto. Claro que sí”, dice, de forma tajante, el presidente de AECH Luis Cárdenas Graide. Esta idea se refuerza si consideramos los costos que genera el mensaje religioso y la vulnerabilidad social de sus fieles, ya que en su mayoría son personas que provienen de los sectores menos favorecidos.

"Asado Secular" de la Asociación Escéptica de Chile
«Asado Secular» de la Asociación Escéptica de Chile

“Pasa que hay un supuesto básico que es errado, que es la idea de que las iglesias son obras de beneficio social, y en nuestro parecer las ideas irracionales y supersticiosas son nefastas para la población. Una iglesia es una institución más, como cualquier otra, y debe estar sujeta a todos los tributos. Esta discriminación positiva en favor de las iglesias no la tienen instituciones que compiten en el ‘mercado de las ideas’, por así decirlo”, señala. “Las iglesias evangélicas hacen uso y goce de los dineros por concepto de diezmo, por lo que las utilidades que genera este emprendimiento espiritual son para beneficio del pastor. En definitiva, son actividades e instituciones con fines de lucro”, agrega Cárdenas.

Pero el espectáculo evangélico no quedó ahí, pues también hubo mención al cuadro de psicosis sufrido por un grupo de estudiantes en el colegio particular subvencionado evangélico llamado Jahve Nisi, de Santa Juana, Concepción, y que la dirección del establecimiento catalogó como un suceso de origen divino ya que los jóvenes habrían sido tocados por el espíritu santo, razón por la que habrían comenzado a “hablar en lenguas”, que no es otra cosa que una retahíla coral de incoherencias como las que podría emitir un grupo de borrachos en una fonda o un grupo que drogados en trance durante un encuentro místico. Pero aquí hablamos de niños, y antes que evangélico el establecimiento es un colegio sujeto a leyes y normas.

“No nos perdamos: aquí está en juego la salud de los jóvenes o bien tenemos un hecho que es consecuencia de la salud mental de los alumnos, y en vez de reaccionar como si asistiéramos a un incidente de salud, la dirección del colegio prefiere pasarlo por incidente de fe, lo que es una negligencia sanitaria inexcusable”, indica el presidente de AECH. “Aquí hay un maridaje ilegítimo entre libertad de culto y libertad de enseñanza, pero hay que recordar que la ley prohíbe todo acto de proselitismo político o religioso dentro del colegio, y aquí vemos proselitismo y prácticas confesionales a instancias del colegio, con conocimiento del sostenedor, en tiempos que debieran estar destinados al rol educativo. Nadie les niega el derecho a culto, ellos pueden tener una clase de religión, pero eso no significa que puedan realizar proselitismo religioso en horario de clases”, dice más tarde.

Pero lo impresentable no sólo corre por cuenta de las iglesias evangélicas. Qué va. También se anotaron un poroto el Consejo Nacional de Televisión y la Corte de Apelaciones al sancionar -en el caso del primero- y ratificar la sanción –en el caso del segundo- al Canal 13 por una rutina de Yerko Puchento en la que se mofaba de la Virgen María, cosa que ofendió a ciertas personas con cierto nivel de influencia. El fallo de la Corte es aún más preocupante, propio de una teocracia que da más preeminencia a la libertad de culto que a la libertad de expresión, cuyo valor es mayor en un marco de democracia liberal.

“Instaura un derecho inexistente ya que nuestro orden jurídico no consagra la sensibilidad religiosa ni muchos menos establece un castigo por ofender o herir esa sensibilidad religiosa”, dice Cárdenas, recordando que la ofensa contra la religión es legítima en una sociedad laica que se dice liberal y occidental. Por eso agrega: “Lo que hace el CNTV me parece que es inconstitucional. Pero aun cuando existiera una ley al respecto, me parece que se abre una pendiente resbaladiza de múltiples consecuencias. Crearíamos una inquisición contra la libertad de expresión”.

Y claro, también hubo espacio para criticar a la Iglesia Católica por su decisión de no compartir el contenido del “Informe Scicluna” con la Justicia a efectos de cautelar el secreto de confesión. “Si bien es importante resguardar la identidad de las víctimas, no obsta a que se pueda hacer una edición juiciosa del informe para preservar la identidad de las víctimas. El secreto de confesión no puede ser encubrimiento”, señala el titular de los escépticos chilenos. Otro tanto con la “obsesión de Pinochet” con los homosexuales que denunció el autor de “Sodoma”, el francés Frederic Martel, la quema de ejemplares de Harry Potter en Polonia, las terapias de sanación homosexual… En fin. La iglesia de Roma tiene del año que le pidan.