Con el título «Invisibilizadas: mujeres migrantes en el choque de fronteras», este trabajo busca dar a conocer la realidad de violencia y el incumplimiento de los derechos humanos al que se enfrentan las mujeres migrantes en Centroamérica y el norte de África. ElSoberano.org recomienda el informe elaborado por las ONG jesuitas Alboan y Entreculturas, cuya versión digital se presentó en Madrid.
Invisibilizadas. Mujeres migrantes en el cruce de fronteras tiene como objetivo visibilizar cómo la influencia del género en las experiencias migratorias de las mujeres es universal. Para ello, pone el foco en dos contextos migratorios concretos, los flujos de Centroamérica hacia Estados Unidos (EEUU) y la frontera entre España y Marruecos.
El informe ofrece una panorámica de la movilidad humana forzada, para después dividir el contenido en tres bloques: origen, tránsito y destino. El primero sistematiza las causas por las que migran las mujeres; el segundo profundiza sobre las experiencias invisibilizadas a lo largo de las rutas y en las fronteras, y el tercero, común a ambos contextos, ahonda en qué supone ser mujer migrante en el Estado español y concretamente en Euskadi. Por último, se presentan las conclusiones y recomendaciones a fin de incidir a nivel europeo, estatal y local, para que las políticas vinculadas a la migración, consideren los aportes expuestos.
«Es fundamental que la perspectiva de género ocupe un lugar central en los análisis sobre las causas y las consecuencias de la migración«
https://invisibilizadas.mujeresenmarcha.org/
Según datos de Naciones Unidas, entre 1990 y 2020 la población migrante internacional prácticamente se ha duplicado, al pasar de 153 a 280 millones de personas que vivían fuera de su país de origen. 146 millones de mujeres vivían fuera de sus países de origen, de las cuales casi 20 millones eran menores de 20 años, 96 millones tenían entre 20 y 65 años y poco más de 19 millones más de 65 años.
A pesar de la reconocida falta de información y datos sobre migración de mujeres y niñas, las últimas décadas reflejan cambios en los patrones migratorios, especialmente en cuatro aspectos:
La migración de las mujeres está creciendo a un ritmo mayor que la de los hombres.
Cada vez más mujeres viajan de manera independiente, en contraste con las que lo hacen siguiendo a sus familiares o parejas.
Se ha producido una nueva y sexualizada división internacional de trabajo. Aumenta la demanda de mujeres migrantes para el empleo en sectores tradicionalmente mal remunerados, en la informalidad, y con condiciones de trabajo sub-óptimas.
Las mujeres migrantes participan de manera activa y son una parte fundamental de la “cadena global de cuidados”, que palia la crisis global en la provisión de cuidados.



