La nieve se ha tomado la Patagonia, lo que abre una muy buen oportunidad para reflexionar sobre el centralismo y cómo relacionarse con el Estado desde los territorios más aislados. El comunicador Patricio Segura nos entrega esta columna para invitar a un cambio de mirada urgente que incluye, por si acaso, concebir las agendas propias que tiene la naturaleza.

*Patricio Segura
Periodista y activista medioambiental

¡Estamos sitiados!

Entre este domingo y lunes rodados de nieve, árboles y rocas cortaron una vez más el Camino Longitudinal Austral sur (a la altura de la laguna Chiguay) y la ruta 265 que une El Maitén con Chile Chico (en el sector del paso Las Llaves), imposibilitando la comunicación terrestre hacia el norte y el este de Puerto Guadal.  Una realidad que recurrentemente ocurre en Aysén, donde la naturaleza se toma los tiempos, las rutas y de cuando en cuando recobra la memoria ancestral. «La memoria del agua», en este caso, como dijera una amiga por ahí.

En días de pandemia, están quienes celebran que la interrupción del tránsito actúe como cordón sanitario telúrico cuando el llamado es a no desplazarse por el territorio. La Patagonia se defiende sola, fue el título que alguna utilicé en una crónica que hablaba sobre los glofs en el Baker, la erupción del volcán Chaitén y los temblores de Puerto Aysén allá por 2007.  A pesar de sus intentos, las represas de Energía Austral e HidroAysén no pudieron contra la ciudadanía movilizada, así como tampoco contra las fuerzas de la naturaleza.

Pero no todo es fiesta y algarabía.  

Están también quienes ven complicada su existencia con estos eventos.  Podemos estar muy acostumbrados a las veleidades invernales, sin embargo una evacuación de urgencia hacia el Hospital Regional en Coyhaique o el suministro de alimentos o insumos esenciales se complejizan en tales circunstancias.  Así como algunos aplauden las intensas nevadas, quienes viven cotidiana precariedad la pasan mal con tan bajas temperaturas.

Entenderlo es parte de comprender la diversidad, donde una de las preguntas es qué podemos hacer al respecto.

Lo primero, asumir que vivimos en la Patagonia.  No en Jamaica, Iquique ni en el Sahara. 

Una tierra donde el frío a veces es glacial, en otoño caen toneladas de hojas de los árboles y no vaya usted a caer sobre un mosquetal.  Vivir de espaldas a las realidades ambientales es lo que nos ha arrastrado a la crisis climática y ecosistémica actual, tanto a nivel global como local.

Pero así es por acá y debemos asumirlo.  

Ahora, ¿qué significa asumirlo?  ¿Es permanecer muerto de frío y encerrado porque en Aysén el termómetro se mantiene bajo los cero grados en invierno? No. Significa que debemos avanzar en prácticas que desencadenen, como un temporal austral, las autonomías.

Mayor producción y consumo local es uno de los caminos.  Contar en el territorio con lo necesario para satisfacer las verdaderas necesidades es parte de aquello, con la reflexión profunda sobre qué entendemos por necesidades.  Bien dicen que la idea no es tener más sino necesitar menos.

El Estado también tiene un rol que cumplir.  Uno importante y no solo desde el mejoramiento y mantención de la infraestructura pública o de entregar subsidios para ir en ayuda de quienes mal sobreviven, que es fundamental y lo acostumbrado.

Desde hace ya varias semanas y producto de la crisis sanitaria en Puerto Guadal estamos sin oficial del Registro Civil.  Esto, como en todo el país y el mundo, ha dificultado una serie de trámites que se realizan presencialmente, como es el caso de requerir un ministro de fe.  Y así existen múltiples procedimientos que podrían ser realizados con la figura de la Clave Única, que ya opera en varios servicios y que podría ampliarse más aún evitando a la población a hacer lo imposible: viajar de un lugar a otro.

Claro está que no todos cuentan con habilidades tecnológicas e incluso acceso a internet de calidad. Donde vivimos, por ejemplo, para tener señal más allá de la mensajería instantánea debemos trasladarnos varios kilómetros hasta un puente colgante a cuyo alero podemos ver el contorno de una antena de telefonía móvil empotrada en las cercanías del lago Plomo.  Y qué decir de una videoconferencia tan de moda en estos días, para eso tenemos que ir hasta Puerto Guadal. Una realidad que sabemos no nos es exclusiva, ya que la viven (y han vivido desde siempre) muchas familias de este hermoso y extenso territorio austral.

Pero incluso así, aún a falta de pericia y conectividad digital, ampliar el rango de trámites online facilitaría las condiciones de vida y acceso de muchos y muchas quienes han permanecido o ha optado por trasladarse puertas afuera de las urbes concentradas.  No significa excluir las operaciones presenciales, sino sumarlas ensanchando el ámbito de incidencia. ¿No es esto lo que se plantea desde la mirada de la descentralización?

Que los rodados y la pandemia representen una oportunidad para revisitar los procedimientos para relacionar mejor a los ciudadanos y ciudadanas con el Estado y lo público, en muchos casos vínculo de corte imperativo.

Eso, mientras trabajamos para que llegue el día en que, cuando se corte la ruta, exclamemos ¡el resto del mundo quedó aislado!  

Ese día, estoy cierto, habremos entrado en el fundamental proceso de descolonización mental.  Mientras tanto, aprovechemos las herramientas que tenemos a mano para avanzar. 

Patricio Segura

Patricio Segura es periodista y activista ambiental. Ha escrito columnas para revistas como Science Magazine y Nature, entre otras publicaciones. Preside la Corporación Privada para el Desarrollo de...

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